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Pese al pronóstico sombrío, Río superó el test de los JJ.OO.
• EL TRANSPORTE, LA SEGURIDAD Y LAS OBRAS INCONCLUSAS, ENTRE LOS PRINCIPALES RECLAMOS
A pesar de los problemas que aquejaron a la ciudad, el jefe del Comité Olímpico Internacional (COI) defendió la elección de la sede: “Los países que no están entre los más ricos del planeta también pueden lograrlo”.
CUSTODIA. Un buque militar vigila la maratón de aguas abiertas en Copacabana. Fueron desplegados 80.000 agentes para garantizar la seguridad en la ciudad.
The New York Times fue uno de los abanderados del pesimismo. "Los atletas olímpicos no deberían nadar en las aguas negras de Brasil" y "La catástrofe olímpica de Brasil" fueron algunos de los artículos iniciales. De eso, pasó a decir que "A pesar de la cobertura negativa, en los Juegos Olímpicos de Río va 'tudo bem'". Entre mayo y este agosto se produjo un cambio de humor perceptible.
Después de los aplausos que recibieron Pekín (2008) y Londres (2012), ambas capitales de potencias, el Comité Olímpico Internacional (COI) eligió en 2009 a un país que en pleno auge económico no mostraba las heridas políticas por las que sangra hoy pero sí las deficiencias sociales estructurales que en los últimos meses fueron blanco de críticas. Algo similar a lo que ocurrió con Sudáfrica, anfitrión de la Copa del Mundo de fútbol en 2010, cuya pobreza y las secuelas del apartheid parecían, curiosamente, una novedad para algunos.
"Estos Juegos se desarrollaron en una ciudad con problemas y divisiones sociales, donde la vida real siguió adelante. No fueron organizados dentro de una burbuja de jabón, sino en medio de una dura realidad", enfatizó Thomas Bach, jefe del COI, respecto a los comentarios adversos. "Esto es un valor agregado. No fueron Juegos Olímpicos aislados de la realidad, sino que la enfrentaron y demostraron que el deporte puede ayudar a las personas y unirlas", insistió a los medios. "Volvería a elegir a Río como sede", destacó.
Asimismo, aplaudió el esfuerzo realizado por la "cidade maravilhosa" para realizar un evento de esta envergadura "en medio de una crisis política y económica como la que azota al país". Se trató de los primeros JJ. OO. "de la historia en Sudamérica y demostraron que los países que no están entre los más ricos del planeta también pueden lograrlo".
En la víspera, Río se había visto desbordada. El alcalde Eduardo Paes (del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, al que también pertenece el presidente interino, Michel Temer) declaró la "calamidad pública", equivalente a la emergencia financiera y se vio forzado a tomar un préstamo extraordinario del Gobierno central por unos 800 millones de dólares.
"Al principio los brasileños estaban convencidos de que estas olimpíadas serían un desastre, había mucho miedo por no poder cumplir con la seguridad, y en el último tiempo, por las versiones respecto a que el Estado Islámico operaba en Río", explicó a este diario Leda Balbino Fonseca, periodista de GloboNews. "Ya terminados los JJ.OO., aquí en la ciudad la sensación es de que pese a las críticas se estuvo a la altura de un evento internacional", expresó.
Contratiempos
Es cierto que la falta de presupuesto y alguna improvisación quedaron en evidencia: las remodelaciones en el subterráneo culminaron ya arrancada la competencia, y la Bahía de Guanabara, que acogió a los deportes acuáticos, jamás fue descontaminada. También, y pese al despliegue de unos 80.000 agentes de seguridad que cambiaron la imagen de la ciudad, hubo tiroteos y denuncias de arrebatos a turistas y deportistas. Pero la logística, tal vez, una de las más complicadas del mundo, funcionó -contra aquellos pronósticos- desde el inicio y las noticias circularon más en torno a las hazañas deportivas que a las falencias.
Al ser consultado sobre cuál sería el emblema de "Río 2016", Bach, el jefe olímpico no lo dudó ni un instante: "La judoka Rafaela Silva, oriunda de la favela Ciudad de Dios que le dio el primer oro a Brasil. Si uno piensa en las dificultades que atravesó durante su infancia y todo lo que debió superar, ella es sin lugar a dudas un ejemplo a seguir para todos los jóvenes del mundo", afirmó. Al final, Brasil fue una fiesta.


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