8 de septiembre 2009 - 00:47

Pese a todo, Obama ratificó injerencia estatal en la salud

• CONFIRMÓ SU INTENCIÓN DE CREAR UNA EMPRESA PÚBLICA • TEMEN QUE SE DISPARE AÚN MÁS EL GASTO Y QUE DESESTABILICE EL SISTEMA

Barack Obama habló ayer en Cincinnati en un «picnic» por el Día del Trabajo.
Barack Obama habló ayer en Cincinnati en un «picnic» por el Día del Trabajo.
 Cincinnati - Mientras se preparaba para ofrecer mañana un esperado discurso ante el Congreso, el presidente estadounidense, Barack Obama, redobló ayer su ofensiva política en favor de la reforma del sistema de salud y ratificó su respaldo a la creación de un seguro estatal que compita con los privados, acaso la parte más revulsiva del plan.

«Éste es el momento» de aprobar la reforma, dijo Obama, que pretende destrabar la cuestión, su principal prioridad de política doméstica, en el discurso de mañana ante los legisladores.

El mandatario demócrata, sometido a fuego cruzado desde la izquierda y la derecha políticas, llevó su propuesta de reforma a la región más afectada del país por la crisis económica. Buscó así recuperar la iniciativa después de haber perdido terreno frente a sus críticos durante un turbulento verano boreal.

«Es el momento de hacer lo correcto para las familias trabajadoras de Estados Unidos, dejar de lado las filiaciones partidistas, juntarse como nación, aprobar ahora la reforma de salud, este año», dijo Obama a una multitud reunida en un «picnic» del Día del Trabajo, organizado por la coalición sindical AFL-CIO en Cincinnati, Ohio.

La visita de Obama a la región del mediooeste fue un adelanto del discurso que dará ante la Asamblea Legislativa, en el que revelará su propuesta para reformar el sistema de salud frente a diputados y senadores recelosos y un público escéptico.

Con el apoyo a su gestión en marcada baja desde niveles récord (ya cayó por debajo del 50%), el esfuerzo de Obama es considerado una prueba clave para su liderazgo, cuyo desenlace podría definir su joven presidencia.

Reformar el sistema de salud a un costo estimado de 1 billón de dólares en los próximos diez años, expandiendo la cobertura a 46 millones de habitantes que no la tienen, es la prioridad nacional de Obama.

El debate ahora se dirige a un punto de quiebre. Tras meses de agrias discusiones, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, dijo el domingo que el presidente «trazará algunas líneas sobre la arena» en su discurso de mañana.

Los principales colaboradores de Obama dijeron que el presidente sigue queriendo una opción de seguro del Gobierno, pero que deja espacio para un compromiso que podría desilusionar a sus partidarios más liberales.

Haciendo referencia al tema en Cincinnati, Obama dijo: «Sigo creyendo que una opción pública dentro de la variedad de alternativas de seguros puede ayudar a mejorar la calidad y bajar los costos». Pero no aclaró si la cuestión es negociable en pos de lograr el aval legislativo a la reforma.

Los republicanos dicen que un seguro estatal introduce un rasgo «socialista» en el sistema sanitario, mientras que las prestadoras privadas temen una fuga masiva de sus clientes hacia él.

Pese a que los sondeos muestran que cada vez más estadounidenses están preocupados por el plan de reforma, el mensaje de Obama pareció complacer a los miembros del sindicato, que le dieron una cálida recepción en el parque Coney Island de la ciudad. Entre los miles de presentes podían verse carteles que decían «El sistema de salud no puede esperar». Los trabajadores fueron una base de apoyo clave para Obama en su campaña por la presidencia.

Mientras el gasto y los déficits del Gobierno ascienden debido a la necesidad de afrontar la peor crisis económica desde la Gran Depresión y las guerras heredadas en Afganistán e Irak, los críticos de la propuesta dicen que las reformas en consideración son demasiado costosas.

Agencias Reuters, ANSA y EFE

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