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Philip Glass estrena este mes ópera sobre Walt Disney
Philip Glass, que ya compuso una ópera sobre Albert Einstein, dedica su nuevo trabajo «El americano perfecto» a Walt Disney.
La ópera, una coproducción del Real y la English National Opera (ENO) de Londres -donde se estrenará en junio-, se aproxima a la vida de Disney en oposición al mundo feliz que trasuntaron siempre sus dibujos animados.
No es, subraya, un «documental» aunque lo esencial de la historia sea «absolutamente cierto», como, por ejemplo, que Disney, como sostiene la leyenda popular, no está congelado sino que fue incinerado pocas horas después de morir. «Es una especie de poema, un símbolo», sostuvo el prolífico autor, que ha estrenado una veintena de óperas, 20 ballets, 8 sinfonías, varios conciertos para piano, violín y cuartetos, medio centenar de bandas sonoras y está inmerso en la preparación de obras para Finlandia y Australia.
Esta biografía de ficción sobre Disney, centrada en los tres últimos meses de su vida, recalca que el creador de Mickey Mouse tuvo una infancia y una juventud desgraciadas y unos años finales «inimaginablemente aterradores» dominados por una personalidad de una «corrección política» casi de «pesadilla».
En la fábrica de sueños de Disney, descrito como un racista, misógino y antisemita en el libro de Jungk, sólo los hombres podían dibujar, aunque él nunca creó personalmente ninguno de sus personajes, y las mujeres debían limitarse a colorear.
«En términos de cultura americana creó un universo que conoce todo el mundo. Hizo películas y creó personajes ubicuos que han trascendido. Inventó un género y lo convirtió en cultura popular», recalca Glass, pero a él lo que más le ha interesado de un personaje «tan importante como Einstein» es que no era un intelectual y sí alguien con mucho talento.
Glass ha sido capaz de inventar un nuevo lenguaje musical que «quizá», especula, tenga «algo» que ver con su formación matemática y filosófica. Inmerso en el lenguaje digital, su música es circular, es decir «ciclos y reciclos» con cambios a partir de un elemento aritmético, permutaciones de ocho elementos, como en «Einstein on the Beach», la biblia del minimalismo desde que se estrenó en 1976 en el Metropolitan de Nueva York.
Es «totalmente digital» pero no tenía ni idea de lo que era eso hasta que la gente joven que abarrota sus conciertos le habló de ello porque su audiencia en lugar de envejecer, «como les pasa a los que van a escuchar a los Rolling», se renueva. «Mi música es como es. Abstracta como la propia naturaleza. Es una complicada forma de salvación, que a la vez te libera y te ata», asegura.
Glass desarma con su falta de pretensiones, con su naturalidad y el cuidado y atención que pone en cada una de sus observaciones aunque estas poco tengan que ver con la pregunta que se le hace porque, advierte, «el viaje es siempre más importante que el destino».


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