9 de noviembre 2012 - 00:00

PÍCARO: Taxista que no baja bandera

PÍCARO: Taxista que no baja bandera
Al frente de un gremio mediano y a fuerza de una gran audacia política y de una incansable capacidad de confabular, el taxistaOmar Vivianitransformó en el poder detrás del poder de la CGT oficialista. Conocido como "Tano" -son permanentes sus viajes a Italia-, por sus aliados,"Techo Amarillo"sus pares oel entorno deHugo Moyano, Viviani logró coparles la parada a los dirigentes de mayor peso del sindicalismo en el proceso de creación de una nueva central obrera, tanto a los "gordos" como a los "independientes".

Como muchos de sus colegas, tuvo un camino sinuoso en el campo gremial. Viviani creció al calor de Lorenzo Miguel, se proyectó junto al del gastronómicoLuis Barrionuevo, pegó el salto con Moyano en los tardíos 90 y en mayo último se asoció a los rivales del camionero. Pero no lo hizo como furgón de cola de los dirigentes entonces opositores, sino con un proyecto concreto de manejar una futura CGT en estrecha alianza con el Gobierno. Sabía entonces que no podría hacerlo en persona -sondeó esa opción, pero sus nuevos socios jamás aceptarían a un taxista al frente de la central sindical-, y entonces hizo lo mismo que aprendió de su paso previo al moyanismo: rodear al líder, solucionarle problemas y oficiarle de lazarillo en el mundo nuevo que le esperaba.

Viviani fue de los primeros en notar en Caló los pecados de la inexperiencia: mientras lo postulaba como futuro secretario general, en privado voceaba acerca de su escasa cintura política y multiplicaba sus contactos con otros sectores gremiales.Moyano jamás se atrevió a esos extremos. Tampoco con Miguel, que de un soplido desbarató su proyecto de crear una filial porteña de las 62 Organizaciones Peronistas, el denominado "brazo político del movimiento obrero". Allí planeaba tener el trampolín que todavía sueña para la política de las grandes ligas.

Esa audacia, que lo emparenta al secretario de Comercio Interior,Guillermo Moreno(y a quien Viviani ayudó a mediados de los 90 a entrar en el mundo de sindical), siempre estuvo asociada a la picaresca. En los días finales del Gobierno de la Alianza, concurrió junto a sus pares a la quinta de Olivos. Cuando en medio de la cena notó queFernando de la Rúa se había dormido, hurtó de su bolsillo un billete de 2 pesos que asomaba y lo exhibió como trofeo de guerra. Con la misma soltura, solía arrojar espesas volutas de humo de habano en el rostro deSusana Ruedala sindicalista había prohibido fumar dentro del edificio de Azopardo.

Una audacia similar mostró cuando, en medio de los tironeos por el futuro de la CGT, convocó a varios dirigentes para comunicarles que contaba con la llave para destrabar fondos de las obras sociales. Uno de los invitados recordó haberlo visto romper su celular frente a la escuálida asistencia.

Cultor del lenguaje grueso, sacó chapa de guapo cuando en 2006 salió al encuentro del díscoloJuan Pablo "Pata" Medina, que planeaba entrar a la CGT para desplazar a Moyano. El camionero le volcó toda su confianza tras el exilio sindical de Juan Manuel "Bocha" Palacios, de los colectiveros de la UTA.

Toda esa lealtad trocó en un accionar implacable en el salto de Viviani a la CGT oficialista. Fue el principal responsable de vaciar la Confederación de Trabajadores del Transporte, y planea hacer lo propio con las 62 Organizaciones de Gerónimo Venegas.

En la nueva vereda, reunió a los exiliados de Moyano y formó el Movimiento de Acción Sindical Argentino, desde el que amagó con imponer una conducción colegiada para la CGT afín al Gobierno. Esa última movida convenció a los "gordos" e "independientes" que estaban frente a un rival serio, y que sería menos grave encaramar a Caló en soledad.

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