10 de junio 2009 - 00:00

Piedad, el amor oculto que apasionó a Pinochet

Santiago - La ecuatoriana Piedad Noé fue el amor oculto del fallecido ex dictador Augusto Pinochet, quien «cruza los 60 años de matrimonio» con Lucía Hiriart, según el libro «La familia, historia privada de los Pinochet».

Los autores de la publicación, Claudia Farfán y Fernando Vega, investigaron durante un año y medio a la familia del ex dictador, su mujer Lucía Hiriart y sus cinco hijos: Lucía, Augusto, Verónica, Marco Antonio y Jacqueline.

Aunque sólo los dos hijos mayores, Lucía y Augusto, concedieron entrevistas a los autores, todos sabían del amor oculto del ex jefe militar que gobernó Chile durante 16 años y medio, tras el golpe de Estado que derrocó el Gobierno socialista de Salvador Allende, el 11 de setiembre de 1973.

Farfán contó que la investigación mostró «una familia desunida, donde el poder los marca de manera lapidaria». «Los hijos se ven beneficiados y entran en una especie de mareo con el poder, porque no logran hacer una vida propia, todos son dependientes y hacen uso del apellido para entrar desde a una discoteca hasta a la universidad», relató la profesional.

Con el dato de la existencia de Piedad Noé, los periodistas viajaron a Quito y recorrieron los lugares donde vivieron los Pinochet, que llegaron en 1956 a la capital ecuatoriana, donde el militar fue destinado para formar la Academia de Guerra.

Pilar Rodríguez, hija de la mejor amiga de Piedad, confirmó a los autores que la relación nunca terminó y que ella viajó a Chile en 1983 y se encontró con él en Viña del Mar.

Farfán constató que «los hijos hablaban muy poco de ella, pero sabían de su existencia y lo que había provocado en el matrimonio». Lucía Pinochet comentó a los autores que fue muy triste ese episodio, «pero aún así, no conocían muchos detalles e incluso decían que era pianista, que no lo fue», dijo la autora.

Piedad pertenecía a la alta sociedad ecuatoriana, hija de un comerciante adinerado y dueño de una radio, y estaba divorciada cuando conoció a Pinochet. Lucía Hiriart, descripta como una mujer extremadamente conservadora y católica, pero que siempre empujó a Pinochet a escalar una mejor posición social y económica, no respondió ante la solicitud de entrevista.

En el libro se cuenta que ella esperaba a su cuarto hijo cuando se enteró de la existencia de Piedad y que decidió separarse y viajar a Chile en pleno embarazo de Marco Antonio.

Pinochet se quedó solo y no se le vio intención de seguir a su esposa. Hiriart priorizó luego la unidad de la familia.

Sin embargo, al enterarse de que la relación con la ecuatoriana continuaba, regresó nuevamente a Chile embarazada de su última hija, Jacqueline, quien se convertiría en la consentida de Pinochet.

De acuerdo con los autores, el ex dictador sólo volvió a Chile cuando terminó su período de cuatro años destinado en Ecuador, pero nunca dejó de mantener contacto con Piedad.

Agencia ANSA

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