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PJ: urnas mansas pero ya hay forcejeos por cúpula
Alberto
Balestrini
La lógica continuista, del reparto seccional, se facilita por la salida de Julio Alak, actual vice 2°, que no renovó. El casillero para la Tercera, a su vez, lo ocupa Balestrini por lo que Alvarez debe liberar oficina. En ese esquema, llegaría Alberto Pérez.
Pero la cúpula partidaria cuenta con otras estrellas K. En primera fila, el ministro del Interior, Florencio Randazzo. También debuta como consejero el jefe de la CGT, Hugo Moyano. Otro pelotón lo integran José «Pepe» Pampuro, Aníbal Fernández y Mario Ishii.
Casi por una cuestión de rango, el reparto veloz que sugiere el dibujo original tambalea. Kirchner, dicen los que lo vieron en estos días, prefiere respetar el esquema que vino manejando el PJ y conoce su funcionamiento. Es decir: el tándem Bancalari-Curto.
Pero, a su vez, lo sacudones territoriales que Kirchner habilitó en el conurbano -la embestida de Alvarez y los 5 Grandes contra la FAM; y la de Ishii y su Grupo Sarmiento contra Curto- animan sigilosas pretensiones a la hora del reparto de vices y secretarías.
El mecanismo de arenas movedizas tan habitual en Kirchner -lo recicló del tercer Perón que armó su gobierno mezclando, uno y uno, dirigentes de la ortodoxia y de La Tendencia para que se «vigilen» entre sí- sugiere la alternativa de variantes no contempladas.
Una opción que apareció fuera de libreto es la posibilidad de que la vice 1° sea para una dama: se menciona a Cristina Alvarez Rodríguez, sobria ministra de Scioli, de fluctuante amistad con Balestrini, del Movimiento Evita, y sobrina nieta de Eva Duarte.
La invocación de Alvarez Rodríguez derivaría en la exclusión, de la mesa chica, de Bancalari. De ocurrir, supondríaademás la inclusión de dos ministros de Scioli en la cima partidaria y la presencia de una aliada, con vaivenes, del vicegobernador.
A su vez, Balestrini (que dice que la jefatura del PJ es la cima, y última escala de su carrera política) deberá convivir, además, con caciques de juego propio, como Bancalari y Curto, con la sombra de un Randazzo que asoma como portador del mayor número de consejeros.
Puede, con razón, decirse que lo que cosechó el ministro debe computarse en la cuenta de Olivos. Lo cierto es que, en el poroteo final, Randazzo se anotó más delegados entre los 48 del Consejo que quien será, desde el domingo por la noche, presidente del cuerpo.
El ministro no sólo embolsó la mitad de los consejeros de la mayoría de las secciones del interior -Segunda, Cuarta, Quinta, Sexta y Séptima- sino que también se anota socios y aliados por las boletas del conurbano: Ishii y Alvarez, por caso, no están lejos de Randazzo.
Hasta Sergio Massa, que se movió a distancia prudencial de la interna PJ, puede mostrar una tropa propia: detectar a su mujer, Malena Galmarini, es simple. Requiere un zarandeo más fino encontrar sus nexos con José Otavis, primer consejero de la Juventud.
Mientras tanto, en los distritos, siguen los temblores. San Miguel parece un western de clase B, San Isidro ofrece su pulseo de semifondo entre clanes y Morón, casi lujurioso, le devolvió al PJ una sonrisa: la de Juan Carlos Rousselot, que reapareció como locutor partidario.


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