3 de febrero 2009 - 00:00

Plan apunta a la raíz de la recesión

Washington - La promesa del presidente Barack Obama de ayudar al sector inmobiliario con un nuevo plan financiero apunta a la raíz de la recesión en Estados Unidos y podría tener buena aceptación pública, dado que equilibraría los rescates bancarios con asistencia a los propietarios. El alivio hipotecario podría estabilizar el mercado de bienes raíces, donde un exceso de propiedades sin vender ha bajado los precios y parado la construcción.
Quizás igual de importante para el Gobierno de dos semanas de Obama, entregar ayuda para los atribulados propietarios podría bajar la indignación pública y política sobre los miles de millones de dólares que el Gobierno está gastando para impulsar a la industria de los servicios financieros. El colapso de la burbuja inmobiliaria estadounidense está en el núcleo de la creciente recesión, en la que un alza en las ejecuciones hipotecarias llevó a un congelamiento de los mercados financieros, atascando finalmente a la economía.
Las posibilidades de una mejora en el sector de bienes raíces siguen lejanas.
La construcción de casas unifamiliares en Estados Unidos cayó un 14,7% en diciembre, la mayor baja mensual desde 1994, mientras que las ventas cayeron fuertemente.
Al contemplar un salvavidas para los presionados mercados inmobiliarios, el Gobierno de Obama podría ayudar a detener las pérdidas en los bancos del país que hayan sido fuertemente afectados por activos tóxicos respaldados en hipotecas.
Los funcionarios de la Reserva Federal han expresado la necesidad de sanear los mercados inmobiliarios residenciales para reactivar la economía. El vicepresidente de la Fed, Donald Kohn, recientemente dio su respaldo a la idea de usar fondos de rescate del Gobierno para reducir las ejecuciones hipotecarias.
«Las ejecuciones hipotecarias evitables perjudican no sólo a los deudores afectados y a sus comunidades, sino también, a través de sus efectos en el mercado inmobiliario, a la economía en general y al sistema financiero», dijo Kohn en un testimonio frente al Congreso el 13 de enero.
En tanto, se espera que el plan de rescate financiero de Obama detalle cómo el Gobierno pretende gastar el resto de los 700.000 millones de dólares aprobados por el Congreso para apoyar a las presionadas instituciones financieras.
Entre las alternativas destaca la posibilidad de absorber algunos de los activos tóxicos mediante la creación de un «banco malo». Muchos analistas creen que eventualmente el Gobierno necesitará pedir más fondos para reparar el destruido sistema financiero, con algunas estimaciones de un cifra de hasta 4 billones de dólares, aunque el Gobierno podría entregar garantías de préstamo que reducirían el costo.
En la búsqueda de esos fondos, el Gobierno tendrá que aplacar la indignación pública de que las empresas de Wall Street estén obteniendo fondos de rescate cuando las personas comunes pierden sus trabajos, fondos de retiro y casas. Obama se unió al coro de críticas acerca de los bonos para ejecutivos de firmas financieras que se han beneficiado de los fondos de rescate.
En su audiencia de confirmación, el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, apuntó a un alivio para los propietarios como una parte necesaria de la siguiente etapa del rescate financiero.

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