Se cumplieron hace dos días los cien años del primer genocidio masivo, la Primera Guerra Mundial, llamada la Gran Guerra. Guerra en la que el enfrentamiento humano se transformó en la industria del asesinato a distancia. Desde su posición de joven aristócrata, Jünger siente repugnancia de una guerra que ha perdido aquella forma de humanidad que daban las "armas blancas", se había abandonado ese "culto de coraje" que también supo extrañar Borges en sus cuentos y poemas, para repartir el miedo a lo desconocido e inesperado. Ya no es el enfrentamiento de individuos o grupos si no una imposición del Estado donde lo que importa es la técnica para arrasar y el número de muertos de otro Estado. Número que llevan a la victoria o la derrota.
Esta extraordinaria novela breve, que Jünger publicó en 8 entregas en un diario de Hannover en 1923, a los 28 años, parte de su experiencia como oficial en las trincheras del frente de Flandes durante la Gran Guerra. Comienza, para mostrar el espanto a que son sometidos los combatientes, con un soldado que se suicida en una letrina por el miedo a ser muerto en combate. Jünger cuenta con feroz elegancia sobre el creciente terror de no saber del enemigo más que por los disparos de las ametralladoras, los estallidos de las bombas, los cuerpos sangrando que hay que atravesar, y la constante espera de una aniquilación anónima.
Una vez instalado el lector en el escenario de los escondites subterráneos, reúne a tres oficiales apasionados de la literatura y el arte. Entre ellos, el Teniente Sturm, alter ego de Jünger, que usa los tiempos sin violencia para escribir. Anota reflexiones sobre la guerra, el mundo militar, la decadencia social. En ese universo apocalíptico, cuando acallan su rugido ensordecedor los cañones, lee le sus escritos a esos oficiales que se han vuelto amigos.
Sturm ha abandonado sus estudios de zoología (una pasión personal de Jünger) pero lo aprendido le permite hacer disquisiciones entomológicas de la carnicería que está viviendo y que lo lleva a enfrentar la contradicción de quien pretende razonar en medio de la barbarie, lo que lo remite al conflicto de la elección entre la vida activa, aventurera, alienada en los encantos de la vida urbana y la vida contemplativa.
Así como con sus amigos debate sobre morir o matar, o sobre Rembrandt, uno de ellos siempre está bien dispuesto a comentarios de sexualidad, obscenidad y pornografía, Jünger años antes que Georges Bataille anuda en esta pesadilla bélica la relación entre erotismo y muerte.
Dado que lo que importa es la brillantez con que se narra el tembloroso espanto de la más breve instante de la contienda, no importa decir que en las últimas páginas, cuando el enemigo realiza una irrefrenable ofensiva, en medio de la oscuridad, Sturm quema las páginas que ha escrito sobre la guerra para iluminarse e iluminar a su gente, y luego antes de rendirse, viéndose rodeado de compañeros muertos, se entrega a las balas.
Esta poderosa metáfora antibélica perteneciente al ciclo de juventud del gran escritor alemán, donde están sus novelas "Tormenta de acero" y el ensayo "La guerra como experiencia interior", entre otros títulos, tiene tanto un criterio innovador que hace de su escritura un anticipo de fórmulas narrativas posmodernas como de la que será su ideología de anarca, de aquel que busca la libertad como objetivo final, que no cree en banderas ni ideologías, nietzschiano individualista extremo que no se entrega a otro gobierno que el de sí mismo.
| M.S. |


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