20 de enero 2010 - 00:00

Polémico: cruceros de lujo en medio del drama de Haití

Aislado del resto del país por muros de tres metros y medio coronados por alambres de espina, defendido por una fuerza de seguridad privada, el pequeño puerto de Labadee es el feudo privado de la empresa norteamericana de cruceros Royal Caribbean International en Haití.

Desde 1986, tres veces por semana llegan cruceros al autodenominado «paraíso privado»; sus pasajeros disfrutan de bellísimas playas, deliciosa comida, y todo tipo de diversiones lúdicas, entre ellas el parque acuático más grande del Caribe, e incluso una montaña rusa. Labadee es sol y fiesta.

Y la fiesta continúa. Pese al horrible terremoto de la semana pasada, y la miseria general que se vive en la isla en la actualidad, los cruceros de Royal Caribbean siguen llegando a Labadee; desde el sismo ya lo han visitado los pasajeros de dos de sus cruceros, y ayer desembarcaron los viajeros del Liberty of the Seas, uno de los navíos más grandes del mundo.

Al otro lado del muro, el pueblo se muere de hambre y mientras cuerpos se pudren en las calles, en Labadee se ofrecen abundantes barbacoas, y los únicos que se encuentran tirados en el suelo son quienes han bebido demasiados labaduzees, el cóctel exclusivo de la playa privada.

Aunque numerosos pasajeros han manifestado su disgusto con la decisión de seguir con las visitas mientras los haitianos vi-ven situaciones verdaderamente dantescas, la empresa defiende que echen amarras en Labadee. De manera algo absurda, el vicepresidente de Royal Caribbean, John Weiss, también alardea que la empresa donó «sillas y colchones que nos sobraban» al hospital improvisado que intenta tratar a los miles de refugiados que han huido a Cap Haïtien, una ciudad a escasos kilómetros del complejo.

En cambio, Cynthia Martínez, portavoz de la empresa, habla de ayudas más sustanciales: los cruceros transportarán unos 100 pallets de ayuda alimentaria en cada visita a la isla, y la empresa ha prometido un millón de euros en ayuda humanitaria. «Entendemos que puede ser controvertido ofrecer una estancia vacacional tan cerca del epicentro del terremoto, pero dadas las necesidades económicas de Haití consideramos que nuestra presencia ahora es más necesaria que nunca, especialmente para los habitantes que empleamos a nivel local», declaró Martínez.

Aunque sin duda cualquier ayuda beneficia a Haití, las de Royal Caribbean son pocas al tomarse en cuenta que en los últimos años la empresa ha gastado 55 millones de dólares en el desarrollo del complejo privado de Labadee.

Unos 230 haitianos trabajan en el complejo de manera regular, y a otros tantos se les permite acceder periódicamente para vender artículos turísticos en zonas delimitadas, pero ahí termina la interacción entre la empresa y el pueblo. Los turistas no pueden salir de la zona que controla Royal Caribbean, al igual que a los nativos se les prohíbe el acceso a las playas y todos los bienes y servicios que se ofrecen.

No obstante, aunque la relación tienda hacia lo abusivo, es innegable que cualquier presencia comercial en Haití es de valor para la isla, aunque sus propios habitantes no puedan aprovecharse de ella. Hasta ahora, Royal Caribbean ha sido de las pocas que se ha atrevido a invertir en un país, que fuentes de la misma empresa consideran «tan bárbaro que asombra que estemos allí en primer lugar». El poco dinero que genera el head-tax -el impuesto que el Gobierno haitiano cobra por pasajero- es poco, pero incluso esa cantidad es mucho en un país que se ha quedado sin nada.

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