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Políticos y empresarios festejaron Januká
Mauricio Macri se reveló como un entusiasta bailarín de «rikudim» (danzas típicas israelíes): compartió con Eduardo Elsztain (en el fondo), dirigentes y gente común la alegre festividad judía de Januká.
Desde ese mismo escenario el rabino Tzví Grunblatt -director general de Jabad Lubavitch en la Argentina, el grupo religioso organizador de la fiesta- explicó el sentido de la celebración y recordó al rabino de Jabad y su esposa muertos en los atentados terroristas de Bombay. Un grupo de chicos encendió un segundo candelabro en homenaje a Moshé (Moisés), el hijo de dos años de la pareja asesinada por «diabólicos terroristas» (como los definió Grunblatt) y que fue salvado de la muerte por una empleada doméstica de sus padres.
Januká, que quiere decir «inauguración», recuerda el milagro ocurrido hace casi 2.200 años, cuando los macabeos -un ejército irregular encabezado por Matitiau- derrotaron al imperio greco-sirio encabezado por Antíoco, que buscaba «helenizar» a los judíos. En este escenario, había convertido al Gran Templo de Jerusalén en un altar pagano. Tras la victoria militar, los sacerdotes judíos se abocaron a purificar el templo, pero se encontraron que tenían aceite para que ardiera un solo día; sin embargo, milagrosamente ese óleo duró ocho días, hasta que el nuevo aceite puro estuvo listo. Y allí se «reinauguró» el Templo y la fiesta tomó su nombre.
Por eso se encienden ocho velas durante otros tantos días consecutivos (una el primer día, dos el segundo, etc.) con el «shamash», la vela-piloto que está más alta que las otras en la «janukiá» (el candelabro especial para esta fiesta, de nueve brazos, a diferencia de la tradicional menorá, de siete).
Macri fue invitado a encender una de las tres velas correspondientes a la noche del lunes, junto con Borger. El embajador, Donzis y Kliksberg completaron el ritual. Tanto el actual alcalde como Telerman fueron muy aplaudidos por la concurrencia, en la que se mezclaban jóvenes (y no tanto) judíos jasídicos ataviados con las ropas ya tradicionales de ese grupo del judaísmo (largos levitones negros, barbas, sombreros borsalino de ala ancha) con curiosos que llegaron a la plaza República Oriental del Uruguay -frente a Canal 7- atraídos por la música, las luces y el ambiente festivo.
Macri hasta se animó a desearle al público «jag saméaj» (feliz fiesta en hebreo); no fue su primera incursión en la lengua de la Torá: el año pasado, al abrir los Juegos Macabeos Panamericanos, lanzó un impecable «brujim habaim» (bienvenidos); en ambos casos las frases (que le enseñó su asesor Claudi Avruj) le valieron la ovación de la gente.
S.D.


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