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Por ataque fallido, la oposición se encarniza con un Obama debilitado
Barack Obama puso fin ayer a sus vacaciones en Hawaii, que se vieron sacudidas por la noticia de un atentado fallido en un vuelo que se dirigía a Detroit. Las fallas de seguridad, admitidas por el propio presidente estadounidense, tienen el potencial de provocarle una crisis política.
En su primer día en Wa-shington tras su agitada estancia en Hawaii, el presidente escuchó informes de la CIA y se reunió con su con asesor jefe en antiterrorismo, John Brennan, mientras comenzaron a implementarse los controles especiales a los pasajeros provenientes de 14 países que la Casa Blanca considera sensibles, entre ellos, Cuba, Pakistán, Nigeria, Siria y Afganistán. Los viajeros en cuestión reciben desde ayer un cacheo especial al aterrizar en EE.UU. y es minuciosamente inspeccionado su equipaje de mano. También, pese a las críticas, entraron en funciones algunos escáneres especiales que «desvisten» a los pasajeros, y que son aplicados en forma aleatoria.
Análisis
Obama encabezará hoy una reunión de alto nivel para terminar de analizar las fallas que permitieron al nigeriano Umar Faruk Abdulmutalab abordar con un explosivo adherido al cuerpo el vuelo 253 de Northwest Airlines que realizó el trayecto Amsterdam-Detroit. Abdulmutalab confesó ser miembro de Al Qaeda y haber recibido entrenamiento en Yemen, un empobrecido país árabe que desde entonces se puso aún más en la mira de EE.UU. La filial de Al Qaeda en la Península Arábiga reivindicó la tentativa de ataque.
El incidente del vuelo 253 se inscribe en un escenario complicado, cuando Obama se apresta a cumplir, el próximo día 20, un año en el cargo. Con una imagen positiva ya por debajo del 50%, según señalaron diversas encuestas, Obama deberá hacer frente este año a la aplicación de la controvertida reforma sanitaria y también deberá lidiar con el desempleo y otras secuelas de la crisis. Todo ello, con la sensibilidad que impone el año electoral, ya que en noviembre se votará la renovación legislativa. Esta agenda, a la que se suman el postergado cierre del penal de Guantánamo y las guerras en Afganistán y en Irak, fue definida ayer por The New York Times como «un plato que ya está lleno».
En este contexto, se acentuaron las críticas contra el Gobierno demócrata no sólo por las fallas en seguridad -que el propio presidente calificó como «inaceptables»-, sino también por sus planes de cerrar Guantánamo y la decisión de juzgar a Abdulmutalab por la vía civil y no la militar.
Lamento
«Si hubiéramos tratado al atacante del día de Navidad como un terrorista, habría sido interrogado inmediatamente al estilo militar en vez de serle concedidos los derechos de un estadounidense, además de abogados», lamentó el senador republicano Jim DeMint en la cadena CNN el domingo. «Probablemente hemos perdido una información muy valiosa», agregó DeMint, en coincidencia con el senador independiente Joseph Lieberman, quien también calificó como un «error muy grave» la decisión de enviar a Abdulmutalab a un tribunal federal. El frustrado atentado «fue un acto de guerra. Debería ser tratado como un prisionero de guerra, estar retenido en un calabozo militar, debería estar siendo interrogado en estos mismos momentos para sacarle información que nos ayudara a impedir el próximo ataque o detener a gente en Yemen», sostuvo Lieberman, un polémico senador que va y viene entre los partidos Demócrata y Republicano.
«Creo que deberían detenerse de inmediato las liberaciones de Guantánamo», reclamó, entretanto, el senador republicano Kit Bond.
La oposición tomó nuevos bríos desde que se conoció el atentado frustrado de Abdulmutalab, quien no pudo llevar a cabo su cometido, al parecer, por una falla en el explosivo compuesto por pentrita y la acción de otros pasajeros, que lograron reducirlo.
Amenaza
En medio de la ebullición y la paranoia que generó el ataque frustrado, Yemen sigue ganando espacio entre las preocupaciones norteamericanas. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, calificó ayer la presencia de terroristas en Yemen como una «amenaza a la estabilidad regional e incluso la global».
Por el momento, el Gobierno yemení trabaja junto con el de EE.UU., aunque Clinton realizó claras advertencias al salir de un encuentro con el primer ministro de Qatar, Hamad bin Yasim bin Yabir al Zani. «Es hora de que la comunidad internacional le deje claro a Yemen que hay expectativas y condiciones para la continuación de nuestro apoyo a su Gobierno, para que pueda realizar acciones» a favor de la paz y la estabilidad, puntualizó Clinton.
Agencias DPA, AFP, ANSA y Reuters


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