26 de junio 2012 - 00:00

Por qué Grecia se queda en el euro

Transcurrieron sólo ocho meses desde que los primeros síntomas de la crisis subprime se sintieran en los mercados financieros hasta que cobrara su primera víctima de importancia: el banco de inversión Bear Stearns. Y otros seis meses para que Lehman Brothers declarara la bancarrota más grande de la historia y pusiera a la economía y los sistemas financieros mundiales al borde del colapso. La caída de Lehman fue un «momento Minsky» para Estados Unidos que desató en los mercados un pánico sin precedentes (por lo menos desde 1929). En Europa, sin embargo, la cronología de la crisis ha sido bien distinta. Sus primeros síntomas se comenzaron a sentir a fines de 2009, cuando Dubái entró en default. Desde entonces han transcurrido dos años y medio. En mayo de 2010 Grecia recibió el primer paquete de rescate, en noviembre de ese año le tocó a Irlanda, en mayo de 2011 fue el turno de Portugal y hace unas semanas España obtuvo ayuda financiera para sanear sus bancos.

Pero ninguno de estos episodios tuvo el impacto en los mercados que tuvo la caída de Lehman Brothers. El gran ausente de la crisis europea (hasta ahora) ha sido el colapso estrepitoso de una gran institución financiera o el default de un soberano. La crisis subprime tomó por sorpresa a todos (o casi todos). Ha sido relativamente más fácil predecir la secuencia de eventos de la eurocrisis. Hay quien la ha definido como «un choque de trenes en cámara lenta». Una tragedia griega en varios actos o la muerte por los mil cortes fue como la describimos en varios artículos.

Pero aunque ha sido más fácil prever la dirección de la crisis, ha sido mucho difícil (si no imposible) adivinar su punto de máxima intensidad. Como señaló Kindleberger, todas las crisis del capitalismo moderno llegaron a ese punto cuando una institución financiera emblemática o un soberano entró en cesación de pagos. En el caso de Europa la atención está concentrada en Grecia, pero podría ser otro país.

El consenso del mercado y la mayoría de los que han opinado sobre el tema, entre los que me incluyo, fueron mucho más pesimistas respecto de la supervivencia de Grecia dentro de la eurozona y al momento en que entraría en cesación de pagos. Esto es inusual ya que al anticipar este tipo de situaciones (al igual que las corridas bancarias), el mercado las provoca en un caso típico de profecía autocumplida. Pero en el caso de Grecia no fue así. Esto obviamente genera un interrogante: ¿es la eurozona más fuerte de lo que piensan los analistas y el mercado o hay otro factor en juego? No creo que la eurozona sea necesariamente más fuerte de lo que era Estados Unidos en 2007-2008. De hecho, el sistema bancario europeo tiene más apalancamiento y mayor exposición a situaciones problemáticas que los que tenía el norteamericano (exceptuando, obviamente, el llamado «shadow banking system»).

Creo que la respuesta a este interrogante tiene que ver en parte con la interacción entre la política, la economía y los mercados. Los tiempos de la política han sido mucho más lentos que los de estos últimos. Los líderes europeos han «pateado» la situación a sus sucesores. Nadie ha querido tomar el toro por las astas en lo que refiere a Grecia, por ejemplo, porque ningún líder político quiere pasar a la historia como el responsable del colapso de la eurozona que ha sido el proyecto político europeo más importante desde la posguerra.

Más allá de los distintos rescates, el otro factor «retardatorio» indudablemente ha sido Alemania. La eurozona se ha sostenido tanto tiempo gracias no sólo a la solidez de la economía alemana, sino también a la determinación de Merkel. En otro artículo comentábamos que en los últimos dos años habíamos sido testigos de una pulseada entre la tozudez teutona y la realidad económica y financiera de la eurozona. Y la lección de estos últimos años es que no hay que subestimar la fuerza de la primera.

El otro gran interrogante sobre la crisis europea es si hubiera sido más conveniente una cronología acelerada (como la de Estados Unidos) que permitiera una recuperación también más acelerada. La crisis en «cámara lenta» quizás ha causado (y siga causando) más daño a la economía real y retarde una sólida recuperación.

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