tradición. Donald Trump, al nombrar a Jerome Powell, rompe con la costumbre de continuidad de un titular de la Fed por dos períodos
La noticia es que el presidente Donald Trump decidió nominar a Jerome Powell para que se ponga al frente de la Fed cuando venza, en febrero, el primer mandato de Janet Yellen. Lo más importante, claro, es que Yellen se va. Y al propiciar su reemplazo, Trump rompe la tradición de continuidad -la gestión por dos períodos consecutivos- que arrancó con James Carter y Paul Volcker (y Ronald Reagan) en los años de la inflación desbordada de fines de los '70, y que hacía caso omiso de los cambios de color político en la Casa Blanca. Los mercados -como a lo largo de todo el "casting" de candidatos- no mostraron rasgo alguno de preocupación, y sí un gran alivio cuando se supo que Powell y no John Taylor era, en definitiva, el elegido.
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Si en 1977 Finn Kydland y Edward Prescott demostraron la ventaja de atenerse a una regla de política monetaria y luego, gracias al descontrol inflacionario, convencieron a buena parte de la profesión (y a la Academia sueca que les concedió el Premio Nobel de Economía en 2004) resulta evidente que los tiempos cambiaron. Con una inflación que no levanta la puntería -desde 2012 que la Fed no puede alcanzar su meta del 2%- y acostumbrados a los buenos reflejos del banco central -aunque no infalibles- para sortear imprevistos, los mercados temían a Taylor y su regla como a la peste. Se equivocan y vale señalarlo ya que el profesor de Stanford todavía puede aterrizar como gobernador. Trump también tiene sus reglas, las propias, y no piensa atarse a las de los demás. Con ese criterio a medida, y mucha insistencia del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, optó por el moderado Powell.
Los mercados aprecian la señal de continuidad. En efecto, el exhombre del Carlyle Group lleva cinco años en la Fed. Que sea abogado y no un doctor en economía, como Greenspan (tardíamente), Bernanke y Yellen, no los inquieta (y llevan razón, dicen quienes compartieron tareas con él en la Fed). Trump y Mnuchin no quisieron cambiar de caballo en mitad del río. En principio, la política monetaria será la misma que ejecutaron Bernanke y Yellen. La pregunta del millón, sin embargo, no está contestada: ¿Por qué Powell y no Yellen si ella misma estaba interesada en proseguir en funciones y a diferencia de Stanley Fischer, su número dos, no presentó ninguna renuncia? Con inusual franqueza, el presidente admitió que Yellen era "estupenda" pero que él también quiere dejar una marca, un "sello" personal. Y, por lo visto, con la señora al mando, no era posible (o muy improbable). No se cambia de caballo, no se saltará de la heterodoxia a la regla de Taylor, pero sí se muda de jinete. Es curioso: Trump ya nos provee de "forward guidance" y nadie se rasga las vestiduras. Menos el Senado -aun los legisladores que ofrecieron reparos en el pasado- que le dará luz verde a Powell antes que termine el año.
Yellen puede quedarse en la Fed si quiere. Su designación como gobernadora expira recién en 2024. Pero no lo hará. Y la Fed está corta en personal directivo. Quedarían cuatro puestos por cubrir en la Junta de siete miembros que conduce la institución. Randal Quarles, el primer nombramiento de Trump, debutó la semana pasada en la reunión del FOMC, el comité que fija la política monetaria. Si Powell resultase díscolo, Trump podría ejercer presión a través de sus futuras designaciones (donde asomarán figuras de menos quilates que las que estuvieron en cartelera). No olvidar: las decisiones se toman por mayoría simple. ¿Se politizará la Fed? Es un peligro como todo lo que toca Trump. Mucho dependerá de Powell y su cintura (que lo diga el secretario de Estado, Rex Tillerson). Si los mercados no sienten escozor por ello, el examen vendrá por el lado de la pericia técnica cuando surjan dificultades. Una expansión en su noveno año de vigencia, un "boom" en la Bolsa a caballo de una valuación con escasos precedentes, y la pugna de Wall Street por embarcarse en el negocio del bitcoin y las criptomonedas en el marco de la desregulación que impulsa Trump constituyen un mosaico de grandes desafíos. Yellen dejará los deberes hechos y subirá la tasa de fed funds en diciembre. Después será el turno de Powell y, dado el vértigo de la bonanza, quizás no deba esperar mucho tiempo para pelear por sus propios galones.
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