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Premios Oscar 2015: sin lugar para las sorpresas
Nicolas Giacobone, Alejandro González Iñárritu, Alexander Dinelaris Jr., y Armando Bo, el equipo de director y guionistas de la triunfadora “Birdman”.
Lindo, también, el histórico triunfo del ingenio latino. Por segunda vez consecutiva, el Oscar se lo llevó una película creada por un mexicano, y las estatuillas de director, y de director de fotografía, se la llevaron también los mexicanos: Alfonso Cuarón con "Gravity" el año pasado, González Iñarritu con "Birdman" este año, y Emmanuel Lubezki en ambos casos. "Quizás ahora el gobierno ponga límites de inmigración a Hollywood. Dos mexicanos seguidos es sospechoso", bromeó Iñárritu (placer aparte, escuchar cómo los angloparlantes se ven obligados a pronunciar la eñe).
Más serio, terminó la noche diciendo para todo el mundo "Quiero dedicarle este premio a los compatriotas mexicanos. Ruego porque tengamos el gobierno que nos merecemos. Y que puedan ser tratados acá en Estados Unidos con el mismo respeto y dignidad que recibió la gente que llegó antes y pudo construir esta nación".
Ese fue uno de los pocos reclamos escuchados durante la ceremonia. Los otros fueron por la igualdad de salario para las mujeres (Patricia Arquette), los derechos civiles de los afroamericanos y de "la gente de Hong Kong que lucha por la libertad de expresión" (John Legend y Common) y el cariño y respeto a los mayores (J.K. Simmons, el más tranquilo de los discursos). Y, sin reclamar nada pero dando a entender todo, la emocionada defensa de "los raros" a cargo de Graham Moore.
Muy bien ubicado el momento afroamericano. Empezó con el recuerdo de 1968, cuando la ceremonia del Oscar debió postergarse debido al asesinato de Martin Luther King, y culminó con la canción "Glory", de "Selma", consagrada inmediatamente como la mejor canción en concurso.
Pero la gran emoción de la noche fue con el homenaje al cincuentenario de "La novicia rebelde": fragmentos de la película, luego Lady Gagá haciendo muy bien un popurrí de temas (parecía otra, salvo por el detalle discordante de los brazos tatuados y los guantes de cocina que se puso), culminando con la aparición de la propia Julie Andrews en el escenario. En octubre cumple 80 años, y sigue igual. "Un parpadeo, y ahora estoy aquí.
Como ya es mala costumbre, los Oscar a la Trayectoria se dieron en una ceremonia anterior. Cierto que se vio un resumen de ese acto, pero hubiera sido hermoso ver ahí mismo toda la sala de pie, aplaudiendo a Maureen O'Hara y Harry Belafonte, junto al guionista Jean-Claude Carrière y el maestro del dibujo animado Hayao Miyazaki. Por su parte, los premios técnicos apenas se mencionaron.
El resto fue bastante previsible. Solo estaban en duda los premios al guión (contra "Grand Hotel Budapest"), director y película (contra "Boyhood", que se desinfló). Previsibles también, desgraciadamente, los números de canto y baile. Y los chistes. El animador Neil Patrick Harris quiso recuperar algo de los tiempos más tranquilos de Bob Hope, pero éstos ya son otros tiempos. Igual quedan para la antología su número con Anna Kendrick y Jack Black, su parodia de "Birdman" hasta atreverse a salir en calzoncillos al escenario, y el irónico cierre que le dio al premio para el documental "Citizenfour", sobre Edward Snowden, todavía perseguido por la CIA: "El personaje no puede estar aquí. Pero, en compensación, démosle la bienvenida a los siguientes avisos comerciales". A señalar, los impresionantes cambios escenográficos, el cuarto Oscar para la vestuarista Milena Canonero (otra que se mantiene igual y ya cumple 69), el primero para el músico Alexandre Desplat después de ocho nominaciones, el In Memoriam (se acordaron de Alain Resnais y hasta de García Márquez, pero olvidaron a Joan Rivers), las dedicatorias de Julianne Moore a su director Richard Glatzer (internado apenas dos días antes) y de Arquette "a todas las personas que pagan impuestos", y el agradecimiento de los veteranos sonidistas Bub Asman y Alan R. Murray a Clint Eastwood: "Siempre ha sido un honor y un privilegio trabajar con usted."
Otra frase hermosa, que puede servir de consuelo a Damián Szifron y demás nobles perdedores: "No hemos vencido a nadie. A nuestros trabajos solo los vence el tiempo" (González Iñarritu, cuando ya iba por el segundo Oscar).


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