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Prepara Fed cambio al plan de Bernanke
En enero se crearon 113 mil puestos de trabajo netos, según la encuesta de empleo a nivel de firmas. Se esperaba una cifra en torno a los 180 mil. Es la segunda decepción consecutiva tras el fiasco de diciembre (que se revisó en alza pero apenas de 74 a 75 mil). El sector público despidió gente a destajo: 29 mil personas. Los privados aportaron 142 mil nuevos empleos. No tan lejos de los 175 mil que detecta una métrica alternativa, el informe ADP. Sin embargo, la otra encuesta que completa el parte oficial, el sondeo hecho en hogares, rompió el termómetro con una lectura de 638 mil. Ya se sabe, sus mediciones del empleo son más volátiles e imprecisas. Aún así, son las que se utilizan para definir la tasa de desocupación, que cayó del 6,7% al 6,6%, y, por ende, a una décima del umbral que marcó la Fed como condición necesaria, más no suficiente, para subir las tasas de interés. ¿En qué quedamos? El mercado laboral, ¿se deshilacha y requiere un aventón? ¿O se recalienta, absorbe las holguras de otrora, y obliga a pensar no sólo en desmontar rápido el QE3 sino en izar las tasas cortas mucho antes de lo planeado? Si uno creyese a pie juntillas en un sondeo u otro, recomendaría respuestas de política contundentes, pero antagónicas.
Las discrepancias entre las encuestas, a decir verdad, son asunto de todos los meses. Desaparecen a medida que se extiende el horizonte de análisis. Sólo que esta vez no es el caso. Los promedios móviles del último trimestre apuntan a una creación neta de 154 mil puestos, la más baja desde mediados de 2012 (encuesta de firmas), o de 580 mil, la mayor desde 2000 (encuesta de hogares). La primera cifra denota una desaceleración con respecto al vigor de octubre y noviembre y sobrevive mejor a un cruce con los demás datos disponibles (con los bemoles citados). Sabemos, como mínimo, que el frío polar existió. Las disrupciones también. La actividad se resintió (lo que desconocemos es cuánto). Nada de ello es congruente con un mercado laboral que, de buenas a primeras, enciende los motores del sector privado a pleno y fabrica más de medio millón de empleos por mes.
Podemos tachar la segunda cifra por inverosímil. Pero no podemos ignorar del todo la encuesta de hogares. La política de la Fed echó amarras allí. Cuando Ben Bernanke jugó a ser el policía malo dijo que el "tapering" estaría terminado hacia junio de 2014 con una tasa de desempleo en torno al 7%. Los números de enero orillan el 6,5% que es el mojón que comunicó la Fed para empezar a revisar la política de tasas cero. Una mala decisión basada en una errónea medición llevaría a una catástrofe (y tal vez al QE4). Después de todo, la desinflación es otra realidad palpable (con pronóstico en ascenso) y, para peor, sin otro antídoto rápido que el propio estímulo monetario.
La Fed, a través de Richard Fisher, titular de la Reserva de Dallas, recordó que sus resoluciones no obedecen a un único elemento de juicio. Claro que sumar contrasentidos tampoco ilumina el camino. En todo caso, la intención de percutir con la tercera etapa del "tapering" tras la reunión del próximo 18 y 19 de marzo debe considerarse como una decisión tomada. Habrá tiempo para recabar un nuevo informe de empleo -en un mes- pero, aunque la bruma persista, la Fed no se apartará de su ruta. La condicionalidad que pudiera frenar el "tapering" tendrá que ser un accidente que no admita controversias. Todo contratiempo a menor escala (incluyendo las quejas del exterior) será atendido por vía oral: la comunicación del "forward guidance". De ahí el interés por escuchar a Janet Yellen, la nueva mandamás, en su doble visita -martes y jueves- al Congreso. Que nadie se sorprenda si la política monetaria que legó Bernanke sufre ya una primera enmienda (para preservar su sendero). Yellen es una experta en economía laboral y quién mejor que ella para rediseñar el anclaje que vincula las condiciones de empleo con las decisiones de la Fed. La pregunta no es si lo hará o no; la duda es cuándo lo comunicará.


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