24 de octubre 2018 - 23:55

Presupuesto 2019: debate en medio de escándalo

El papelón dentro y fuera del recinto reflotó penosas escenas de fines de 2017. Macrismo defendió combo de leyes, parte del PJ justificó acompañamiento y resto de oposición denostó las proyecciones estimadas.

Presupuesto. Emilio Monzó condujo la sesión que arrancó cerca del mediodía, cuando el oficialismo consiguió el quorum.
Presupuesto. Emilio Monzó condujo la sesión que arrancó cerca del mediodía, cuando el oficialismo consiguió el quorum.
La Cámara de Diputados se aprestaba a aprobar y girar al Senado, durante el correr de la madrugada de hoy, un pack económico-impositivo que tiene como proyecto principal al Presupuesto 2019 de déficit primario cero -sin contar los jugosos intereses de la deuda-, con el que el Gobierno pretende mostrar gobernabilidad a Wall Street y al establishment local. Toda esta situación estuvo teñida por trifulcas dentro y fuera del recinto similares a las de fines de 2017 que regalaron un nuevo papelón institucional.
Durante la tarde de ayer, el transcurso de la sesión para discutir el Presupuesto estuvo demorado en dos ocasiones: el primer cuarto intermedio duró unos minutos y el segundo casi una hora, incluso con arribo de funcionarios de Seguridad de la Ciudad para calmar a los jefes de bloque, en cónclave privado. En la previa a ese descontrol, el antimacrismo aprovechó los disturbios fuera del Congreso para exigir la suspensión del encuentro en el recinto y cargarse el supuesto "éxito".
El "summum" de paranoia de la jornada lo regalaron el exmenemista y actual cristichavista Daniel Filmus y el jefe del PRO, Nicolás Massot, quienes se cruzaron en malos términos y de manera infantil -por una disputa con Leopoldo Moreau- y tuvieron que ser separados por varios legisladores. Minutos antes, el presidente de la Cámara y peronista con témpera PRO, Emilio Monzó, pedía a los gritos que todos se sentaran en sus bancas para continuar de manera civilizada. La escena dentro del recinto incluyó irónicas banderas estadounidenses llevadas por el kirchnerismo y una figura -tamaño real- de la titular del FMI, Christine Lagarde, que ofreció Victoria Donda.
Tras la reanudación de la sesión, y en contra de la intención inicial de no interferir durante el encuentro, se acercaron a la Cámara baja el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, y su vice, Sebastián García De Luca, para supervisar los votos pactados con peronistas y provinciales silvestres en modo "preceptor in situ". En resumen, una nueva estadía de los únicos garantes de consensos a los que se niega -ya por deporte caprichoso- el ala "técnica" del Gobierno, que a su vez son aprovechados por el justicialismo para pujar por mayores concesiones ante momentos de debilidad de Casa Rosada.
La cuenta de voluntades daba un piso de al menos 134 voluntades necesarias para avanzar con la ley de gastos. Además, anoche reinaba un fuerte malestar dentro del peronismo, que votaba dividido y con furia de legisladores sin terminal -gobernadores-, quienes quedaban "pegoteados" al sector "friendly" pese a denostar y rechazar el Presupuesto 2019. Esa situación se replicará dentro de unas semanas, aunque quizá con menor virulencia, en el Senado. Un dato extra: para iniciar la sesión, el oficialismo necesitó el aporte de puntanos que responden a Adolfo Rodríguez Saá y no a su hermano, el gobernador Alberto, para conseguir quorum.
El presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, Luciano Laspina (PRO), se encargó de defender el combo de proyectos. "El gasto público durante el kirchnerismo pasó de 26 puntos del PBI a 42 puntos", disparó el legislador, que además criticó las cifras que dejó las gestiones anteriores en "pobreza, inflación, calidad educativa, servicios de salud y, sobre todo, en la lucha contra narcotráfico y la inseguridad". Luego, señaló que "el legado kirchnerista fue inédito, con un gasto público alto, los impuestos más caros del mundo y un déficit 'infinanciable' por el que tuvimos que salir de manera urgente del default para no tener que hacer un ajuste dramático en primeros meses de gestión", aunque reconoció al final el fracaso del gradualismo.
Desde el Frente para la Victoria, Axel Kicillof contestó que la ley de gastos impulsada por el Ejecutivo es "vergonzosa" ya que significa "ajuste, endeudamiento, exclusión social", y que la iniciativa es "antifederal y antinacional". Según el diputado, el macrismo "dejará 217% de inflación", un "330% de devaluación", y ratificó la necesidad de conocer el nuevo acuerdo con el FMI que tratará mañana la mesa chica del organismo internacional.
Por el peronismo, Diego Bossio enumeró quejas por todos lados tras reclamar, durante varias semanas, cambios a los que accedió el oficialismo. Anteayer, el legislador ni siquiera asistió a la última reunión de la Comisión de Presupuesto, donde se firmó el dictamen. Luego, el entrerriano Juan José Bahillo dejó claro que acompañar el paquete de leyes era "el mal menor", y agregó: "Si un país no tiene el Presupuesto, permitiríamos el manejo discrecional de más de un billón de pesos".
Hacia esa línea apuntó el jefe del justicialismo, Pablo Kosiner (Salta). "No nos deja nada conformes, pero peor sería que el Gobierno tenga que gobernar con la prórroga del Presupuesto de este año, que quedó totalmente desactualizado. De lo contrario, el Gobierno tendría un cheque en blanco de más de un billón de pesos y podría destinar el dinero donde a -el jefe de Gabinete- Marcos Peña se le antoje", sostuvo el diputado en un comunicado.
Por el Frente Renovador -que se prestaba a oponerse junto al kirchnerismo, la izquierda y el progresismo, entre otros- Marco Lavagna adelantó que "el Presupuesto va a cambiar y va a sufrir modificaciones a lo largo del año", y como ejemplo nombró al artículo 16, "donde se incorporan un montón de partidas y gastos en los que se puede llegar a coincidir en casi todos, pero que a lo último se le da la atribución al jefe de Gabinete para reasignar partidas". El diputado también expresó que "los resultados o conclusiones de la gestión no son positivas", habló de cumplir con "las tres patas de consumo interno, inversiones y exportaciones" para reactivar la economía, y finalizó: "Hay una fiesta populista financiera que el próximo Gobierno va a tener que pagar, sea del color que sea".
El aliado del oficialismo Martín Lousteau deslizó su voto a favor del paquete económico-impositivo, pero aprovechó la palabra para lanzar dardos. "Se pide una baja del gasto, pero se hace con guadaña y no con bisturí". Después, explicó que "en el Estado hay mucho dinero", pero con decenas de "asimetrías", como, por ejemplo, los privilegios que recibe la Ciudad en gastos sociales sobre provincias con altos niveles de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI); los "sistemas previsionales especiales, con jubilaciones que son 20 o 30 veces el promedio del haber jubilatorio"; y las "pensiones por invalidez" multiplicadas y sin argumentos en los últimos años. "Hay 800.000 de más", advirtió.

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