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Prior vuelve a unir la voluptuosidad y el conocimiento
Con una nueva decena de grandes pinturas, Prior, figura ineludible de la década del 80, explora el universo de las aguas al igual que en su muestra anterior, donde también se cruzaban la música y la historia del arte.
La muestra de Vasari comienza en la vidriera de la calle Esmeralda e incluye una instalación de pinturas sobre discos de pasta, la marca registrada del artista que, en un texto, señala: "Para este nuevo ciclo de discos establezco este bonsái genealógico: las ninfeas de Monet, los Boogie-Woogie de Mondrian, Jack the dripper y algunos tondos de Kenneth Noland, todos bajo el amparo de La Liberación de San Pedro del divino Rafael".
Prior presentó los discos en su primera muestra, en el año 1970 en la galería Lirolay, y también en la segunda, en 1988 en la galería Ruth Benzacar, se llamaba "Sinfonía Napoleónica", título de la novela de Anthony Burgess. Entre una y otra exposición pintó en su taller de San Isidro. Cuando reapareció, el mundo estaba hecho astillas. La escena del arte argentina ya no era la misma. El Gobierno de las juntas militares con sus muertos y desaparecidos habían debilitado los lazos sociales. La democracia, instaurada en 1983, alcanzó a superar la herencia recibida por la dictadura y el país había ingresado entonces al concierto de las naciones respetables. Pero una serie de marasmos económicos en secuencia rápida culminaría con el ciclón hiperinflacionario de 1989.
Las "fábulas visuales" de Prior toman distancia del drama; por tristes que sean sus escenas, tienden a convertirse en leyendas. Entretanto, en sus grandes telas cobra importancia el procedimiento, el modo accidental de los juegos con los charcos de pintura hasta que los colores forman imágenes fantasmales o mareas que parecen provenir del inconsciente. Así, los temas históricos y mitológicos surgen en las pinturas con una cualidad mágica, casi musical, de fantasía, y con marcadas características de ficción. Hasta la realidad más atroz y verdadera del mundo se convierte en fábula.
A lo largo de la obra se advierte la presencia de los intensos colores de Prior, su inconfundible verde Talo sabiamente mezclado con el blanco y los azules y exaltados por los rojos. Pero esta vez, en la superficie de los cuadros irrumpe, potente, el amarillo. Con el énfasis puesto en la materialidad de la propia pintura, desde los densos empastes a las chorreaduras, Prior compone territorios donde superpone capas de pintura, unas sobre otras, hasta configurar transparencias, vetas y salpicaduras. La pintura sigue el ritmo del pensamiento de Baudelaire: "Infinitas capas de ideas, imágenes y sentimientos cayeron sucesivamente sobre nuestro cerebro, tan dulcemente como la luz. Pareció que cada una sepultaba la anterior, pero, en realidad, ninguna había desaparecido".
La exposición descubre la diversidad de intereses y temas que aborda un intelectual tan curioso como buen lector y amante de la música decidido a emprender, como Dante, un viaje que trasciende este reino para adentrarse en los infiernos y atravesarlos en busca del Paraíso. Un texto del artista Raúl Escari, "Mallarmé: Borges y Prior", relata una historia real que tiene un final feliz gracias a la sabiduría de Prior. "Entre la escritura de Borges y la pintura de Prior encuentro, al menos, el mismo principio, intenso, casi diría el mismo método para fabricar obras tan personales como son las suyas. Borges escribe la mayoría de sus relatos basándose en otros textos que cita y pone en escena escritural. Lo que escribe gira alrededor de alguna cita, siempre, y el escritor argentino no se parece a nadie. Prior pinta a partir de Goya, Ensor, el último Turner. Las citas pictóricas, a veces sólo a través de un ritmo o de la fuga de una línea, o de un color, son evidentes, pero su pintura, como la escritura borgeana, no se parece a ninguna otra", concluye Escari.
Si se cotejan las cualidades de Prior con las de las estrellas internacionales de la transvanguardia, el neoexpresionismo alemán y la nueva imagen estadounidense, resulta inevitable descubrir los méritos de su pintura. Pero la trayectoria de nuestro artista todavía permanece en la sombra. En la década del 80 la apertura de los circuitos internacionales recién comenzaba y se consagraban entonces las figuras del Norte. Luego, cuando en este siglo renace la pintura, Prior ocupa un lugar casi invisible en la colección del Museo de Bellas Artes, sitio de consagración por excelencia. El Museo de Arte Moderno porteño, dedicado a reivindicar a los olvidados vanguardistas históricos de su propia colección, eligió presentar algunos artistas de la década del 90 y ha ignorado la pintura de Prior. En la actualidad, el mainstream determina la supremacía del arte político o conceptual y cualquier manifestación cercana a la belleza queda abolida -al menos en esta parte del planeta-, salvo que sea total y plenamente abstracta. Si bien es cierto que poco a poco, los operadores culturales argentinos han presentado a nuestros artistas en el circuito internacional, con el talentoso Prior tienen todavía una deuda pendiente.


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