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Privados rechazan el “bonus” para Moyano
"Algunas cámaras del interior dijeron que no podían pagar el bono", dijo Pablo Moyano, hijo del jefe de la CGT opositora y número dos del gremio de choferes. La negociación de los camioneros es decisiva para el Gobierno, que busca en estos días aminorar la escalada de reclamos que surgieron en los sindicatos luego de la crisis policial y de los incrementos salariales de ese personal, que surgieron a presión.
Aunque el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, dijo públicamente que la discusión del bono de fin de año depende del margen de maniobra de cada organización gremial, en varias organizaciones -incluso las cercanas al Gobierno- advirtieron que la propia cartera laboral transmitió a las cámaras empresariales de varias actividades que no homologaría acuerdos de esas características, con lo que se le restaría valor legal al acuerdo. Ayer las partes le comunicaron a la cartera laboral que suspendían una audiencia pactada para las 10. Y pasaron la jornada con negociaciones en el ámbito privado.
El domingo a la noche, Tomada había dicho que Moyano ya había pactado con Fadeeac el pago de tres cuotas de $ 1.000 cada una como bono de fin de año, y lo instó a blanquear ese acuerdo, luego desmentido por el sindicalista y la cámara empresarial.
La posibilidad de una huelga nacional de camioneros es alentada por Pablo Moyano, en tanto que su padre, Hugo, aguardaba el resultado de las negociaciones por entender que una medida de fuerza sobre el final del año -sobre todo si debían ponerla en marcha el 19 o el 20 de diciembre, con la obvia reminiscencia de lo que sucedió en esas fechas de 2001- pondría al gremio a tiro de todos los cuestionamientos del Gobierno.


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