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¿Problema para la Argentina? El condenado FMI emerge robusto
Poco ha transcurrido desde los tiempos -paradójicos- en que Néstor Kirchner y George W. Bush coincidían, aunque por distintas razones, en la crítica al FMI. Corría el año 2003, y la ocasión era un primer encuentro en la Casa Blanca entre el entonces presidente argentino y su par estadounidense, con la mano del primero en la rodilla del segundo, al término del cual Kirchner aseguraba que Bush le había aconsejado negociar a cara de perro con el Fondo. Por ese entonces, Washington amenazaba con no poner más dinero en el organismo -para que los plomeros estadounidenses no financiasen los desaguisados económicos argentinos- y el Fondo era demonizado por la nueva camada de líderes de centroizquierda.
Poco después, varias naciones emergentes -Indonesia, Brasil, Argentina- aprovechaban el maná de divisas del boom de los commodities para reembolsar anticipadamente sus deudas, lo que, entre otras cosas, privó al organismo de una fuente de ingresos: los intereses pagados por sus deudores. De unos 60.000 millones de dólares prestados por el FMI en 2004, la cifra cayó a 16.000 a comienzos de 2008. En noviembre de 2007, al asumir la dirección general del organismo el socialista francés Dominique Strauss-Kahn, el ajuste llegó al FMI con retiros voluntarios de personal y la venta de unas 400 toneladas de oro de su stock de 3.217.
Pero la crisis lo cambió todo. Aunque como lo admitió su nuevo director, el FMI falló en advertir la llegada de la crisis, otros fueron los principales responsables de la debacle. Por otra parte, en el transcurso de 2008, Islandia, Hungría, Letonia, Pakistán y Ucrania se vieron en la necesidad de solicitar el auxilio del organismo por un total de 45 mil millones de dólares. El déficit del FMI desapareció, pero, más importante aún, éste recuperó el derecho de voz en el concierto internacional. Y se encamina a recuperar su rol de supervisor financiero mundial.
Un factor que explica este retorno es la vuelta del multilateralismo, con el fin de la era Bush. Además, en marzo de 2008, el FMI se reformó para darles mayor peso a los países emergentes en sus órganos de decisión. En los años 90, los países acreedores eran obligados a aceptar ajustes gravosos en materia social. Eran las famosas «condicionalidades» que cimentaron la mala fama del FMI. Hoy, en el caso de Hungría, el Fondo pide un congelamiento de salarios y la anulación del aguinaldo para empleados públicos. ¿Qué cambió entonces? Las condicionalidades no han desaparecido. Pero si antes el Fondo podía exigir hasta una veintena de reformas a un solo país, hoy sólo pide lo indispensable. Y puede renunciar, según el caso, a exigir la reforma de la seguridad social o del seguro de desempleo o bien tolerar subsidios y mayores déficits públicos.
Por otra parte, a fines de octubre, el FMI anunció una línea de crédito flexible -con menos requisitos y a bajo costo- por 100 mil millones de dólares para dotar de liquidez a los países que, habiendo hecho buena letra, padecen por la crisis internacional. Es el caso de México, que acaba de solicitar 47.000 millones de dólares.

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