20 de enero 2009 - 00:00

Pura liturgia de Cristina con Castro

Con paso marcial, Cristina de Kirchner coloca una ofrenda floral en la Plaza de la Revolución. Más tarde Raúl Castro, la recibió por primera vez en el Palacio de la Revolución para una cena de gala.
Con paso marcial, Cristina de Kirchner coloca una ofrenda floral en la Plaza de la Revolución. Más tarde Raúl Castro, la recibió por primera vez en el Palacio de la Revolución para una cena de gala.
El Palacio de la Revolución se abrió ayer, luego de 22 años, para un presidente argentino. A solas, Cristina de Kirchner se reunió durante más de una hora con Raúl Castro. Ese mano a mano permitió especular ayer sobre un acuerdo reservado por el caso de Hilda Molina.
Sin embargo, a la liturgia de la visita -ofrenda a Martí, pose frente a la clásica postal del Che Guevara en la plaza de la Revolución-, lo formal sólo le agregó la firma de once acuerdos y la promesa de iniciar una nueva etapa en un vínculo cargado de altibajos. Por la noche, el heredero y hermano de Fidel Castro, agazajó con una cena a la Presidente que mañana abandonará la isla rumbo a Caracas. Su paso por Cuba parece destinado a estar surcado por ausencias notables: sin cumbre con Fidel ni recepción a Molina.
Las dos principales incógnitas del viaje seguían ayer sumergidas en la bruma. Los rumores sobre la salud de Fidel, tibiamente desmentidos por el Gobierno cubano, alejaban la chance de un encuentro de la Presidente con el histórico líder de la Revolución Cubana. El otro expediente sensible, la deuda de más de 2.300 millones de dólares que Cuba tiene con el país -herencia de José Ber Gelbard y Raúl Alfonsín- también quedó fuera de las conversaciones entre las dos delegaciones.
El episodio Molina, en tanto, terminó encriptado a cambio de una promesa a futuro de la isla: permitir que dentro de unos meses, cuando baje la espuma de la polémica, la médica pueda viajar a Buenos Aires para reencontrarse con su hijo, sus nietos y su madre. Con esos dos capítulos fuera de la agenda formal, el viaje se limitó al simbolismo de su presencia en la isla -el último mandatario argentino que lo hizo fue Alfonsín en 1986- y la firma de un puñado de convenios plagados de gestos de buena voluntad.
De un acuerdo de cooperación en energía hasta negocios e intercambio en el principal fuerte cubano: salud y educación. El punto más destacado es, en este rubro, el compromiso de la creación del centro argentino-cubano de biotecnología aplicada al desarrollo de vacunas y fármacos. El momento esconde otro síntoma: la comitiva argentina estará en Cuba el día de la asunción de Barack Obama como presidente de EE.UU. La lipotimia presidencial así lo quiso: el viaje estuvo, en principio, previsto para una semana atrás pero por la crisis de salud debió postergarse.
La agenda oficial de la Presidente comenzó ayer -a pesar de que llegó el domingo- con una ofrenda floral al héroe nacional José Martí y una visita al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), en el oeste de La Habana, donde la mandataria elogió el desarrollo cubano en salud y educación. Hoy, en tanto, se entrevistará con el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, y asistirá a una reunión empresarial que busca incentivar el desigual comercio bilateral: la Argentina le vende 100 millones y compra unos 3 millones. Además, mientras en Washington, Obama tomé el mando de manos de George W. Bush, Kirchner estará dictando una conferencia en la Universidad de La Habana. El resto del día está libre a la espera de un, hasta anoche improbable, encuentro con Fidel Castro.
Intercambio comercial
Ayer, en tanto, se concentró la actividad de intercambio comercial entre argentinos y cubanos, reunidos en el hotel Nacional. Allí se vio activo al ministro de Planificación, Julio De Vido, que se dedicó a dialogar con los empresarios que viajaron desde Buenos Aires. A esa hora, varios integrantes de la comitiva oficial andaban quejosos por los rincones de las instalaciones -decían que no son del todo cómodas- que le tocaron en suerte en la residencia de la embajada argentina en La Habana, donde también -con mejor suerte- descansó Cristina de Kirchner.

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