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Puricelli viajó a buque hundido: inician pericias
Arturo Puricelli viajó ayer hasta Puerto Belgrano. Se subió a los restos del Santísima Trinidad al que desde ahora se le harán las pericias para dictaminar por qué se hundió.
El ministro de Defensa viajó en compañía del jefe del Estado Mayor de la Armada, Daniel Martin, y exigió «absoluta transparencia y objetividad» para saber «con precisión lo sucedido», durante un cónclave reservado en el cual se delinearon los pasos a seguir en la investigación sumaria que el funcionario dispuso tras conocerse el hundimiento del exdestructor.
A raíz de dicho episodio, la semana pasada Puricelli había ordenado separar al jefe de Mantenimiento y Arsenales de la Armada, contraalmirante Alberto Francisco García Grigioni; y al titular del Grupo de Desafectación del buque Santísima Trinidad, capitán de navío Lorenzo Veccia.
En su visita a Puerto Belgrano, Puricelli se dirigió hacia el muelle donde se encuentra hundido el buque que participó de la Guerra de Malvinas en 1982, acompañado por ingenieros navales del astillero Tandanor, entre otros especialistas, y también abordó el destructor Hércules (gemelo del Santísima Trinidad), donde observó el amarre del barco y el funcionamiento de los compartimientos de máquinas.
El buque, que estaba fuera de servicio desde hacía varios años, a partir de ayer quedó «asentado y estático para permitir el ingreso y comenzar con la investigación pertinente», y luego se definirá quién será el auditor que encabezará el proceso.
Estuvieron además en la reunión de trabajo el secretario de Estrategia y Asuntos Militares, Oscar Cuattromo; el jefe de Gabinete del Ministerio, Carlos Esquivel; el presidente de Tandanor, Mario Fadel; y el titular de la Sindicatura General de la Nación (SIGEN), Daniel Reposo.
El encuentro fue el paso previo a las tareas de investigación para determinar las razones que derivaron en el hundimiento del buque. Puricelli solicitó conocer los hechos con «absoluta transparencia y objetividad».
El ministro se pronunció en favor de la tesis de que la embarcación podría haber sufrido un plan de sabotaje. El Santísima Trinidad se encontraba amarrado en Puerto Belgrano (unos 700 kilómetros al sur de Buenos Aires) a la espera de ser desguazado y tenía una vigilancia mínima para garantizar su flotabilidad.
La Armada informó hace diez días que la nave sufrió una avería a raíz de la rotura de una tubería de 6 pulgadas, lo que ocasionó un importante ingreso de agua que superó la capacidad de las bombas de achique del navío.
El Santísima Trinidad fue el primer buque dotado con misiles armado en astilleros argentinos, pero, a principios de la década de los noventa, la Armada decidió utilizarlo para extraer repuestos destinados a naves gemelas.


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