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¿Qué le espera al campo en 2016?
Es que hasta ahora son muchas todavía las dudas, pocas las certezas y muy grandes aún las restricciones que subsisten y el deterioro del aparato productivo, que tardará bastante más de un ciclo en recuperarse.
Certezas
Entre las certezas, el amesetamiento de las cotizaciones en los mercados agrícolas internacionales en niveles relativamente bajos respecto a los precios de hace un par de años, figura a la cabeza, y sin posibilidades aparentes de cambiar en forma positiva este año.
También aparece el avance relativo de los márgenes de todas las actividades, a partir de la mejora en el tipo de cambio lo que, sin embargo, no alcanza a todas las actividades en las distintas zonas, afectadas por el alto costo argentino y las distancias.
Un complejo endeudamiento variable que se arrastra desde, al menos, 2-3 campañas, y también, la necesidad de refinanciación, pero en un contexto de mayores tasas de interés.
Entre las certezas, aparece además los déficits de energía, el envejecimiento del parque de maquinaria agrícola, y el atraso en el mantenimiento de las obras de infraestructura en casi una década, además, de la falta de obras nuevas que apunten al sector, todo lo cual provoca un encarecimiento adicional importante para la producción local.
Dudas
En este renglón aparecen, a su vez, temas para nada menores. El primero, sin duda, es el clima que en un período, El Niño como el actual, puede ser determinante, a favor o en contra, a partir de los excesos hídricos, piedras y temporales en cantidad superior a los promedios.
También, y más allá de la previsible ayuda directa que ya se determinó para algunos rubros críticos como la lechería (que de todos modos, apenas supera los u$s 30 millones), se desconocen los niveles de financiación que pueden aparecer para el campo, entre otras cosas, porque aún no definen públicamente el ranking de prioridad que tendrá el sector frente a la urgencia y limitaciones del fondeo oficial. ¿Será la asistencia social, las obras públicas o la producción las que capten los mayores fondos?
Otro tema aún indefinido es si, efectivamente, puede volver a haber un desembarco de los pools que hasta hace 3-4 años atrás constituían una importante fuente de financiación para la producción agrícola, y que fueron desapareciendo ante el derrumbe paulatino de la rentabilidad de todos los rubros, lo que espantó a los inversores.
Este tema, además, acentuaría el impacto en las renegociaciones que, seguramente, tendrán los arrendamientos dado el nuevo escenario económico, en el que se buscaría recuperar parte de la renta perdida en los últimos ciclos.
Por otra parte, también se desconoce el nivel de respaldo que le va a dar el oficialismo a sus políticas, vía leyes del Congreso, para garantizar la estabilidad de las normas que vaya dictando, en un intento de asegurar la seguridad jurídica muy jaqueada aún para los inversores, tanto externos como internos. Un ejemplo de esto fue la baja de la alícuota de las retenciones cuya "eliminación" se garantizará recién con la aprobación correspondiente de una ley por parte del Congreso Nacional, algo que no se sabe si ocurrirá, ni si el Poder Ejecutivo enviará el proyecto correspondiente.
Si bien el blanqueo de tarifas puede tener un impacto relativo en el interior que, casi desde siempre, pagó precios plenos por la mayoría de insumos y servicios (gas, luz, comunicaciones y hasta combustibles en algún caso), especialmente en las zonas rurales, no ocurre lo mismo con la presión impositiva global que, aún con alícuota en 0% para las retenciones, sigue teniendo un peso excluyente sobre la renta efectiva de las actividades. Sellos, Ingresos Brutos, transferencias/cheque, impuestos al trabajo, varias imposiciones sobre la tierra (como un "bien" a nivel nacional, el Inmobiliario Rural por las provincias, y una disfrazada "tasa" de caminos en muchos municipios), IVA estructurales, impuestos indirectos (combustibles, energía, etc.) y, especialmente Ganancias, constituyen un combo complejo y muy pesado para cualquier empresa agropecuaria, más todavía si es pyme o micro. Y es justamente en este sentido donde ya se encienden luces de alerta.
Es que tras el "sinceramiento" de alrededor del 40% en el tipo de cambio, la inflación adicional que puede representar, frente a un esquema de falta de actualización de los montos de Ganancias (largamente reclamado en los últimos años), va a provocar, al menos en el primer ejercicio que es el que cierra el jueves próximo (31/12) y se paga en mayo, la pérdida de los avances económicos que significaron las recientes medidas, según alertan los tributaristas.
Conclusiones
Dado que la actual cosecha, si bien algunos estiman que podría registrar un cierto incremento de siembra (tardío) de 500-600.000 hectáreas, sobre más de 3 millones de hectáreas perdidas en los últimos ciclos, estaría arrojando un volumen semejante a la cosecha anterior de 103-105 millones de toneladas "reales" (muy diferente de la estadística oficial), la mayor parte de la cual ya no está en manos de los productores, por lo que los "beneficios" del reciente sinceramiento económico serían recién para el próximo ciclo 16/17.
Esto implica que el "incentivo" de mejora de rentabilidad que surge de las medidas oficiales hasta ahora es a futuro y, para llegar a ese punto se necesitan, al menos, entre u$s 6.000 y u$s 7.000 de inversión productiva, según la cotización actual.
Dado, además, que el sector está endeudado, el principal cuello de botella para materializar entonces el postergado crecimiento genuino del campo va a estar absolutamente acotado a las posibilidades de financiamiento, créditos blandos y acceso al capital de trabajo. Y eso que es válido para la agricultura, vale mucho más en los rubros que requieren inversiones de más largo plazo como la ganadería vacuna, el tambo, o la forestación.
De ahí que los análisis más realistas muestren un 2016 con mejor humor y cierto alivio, pero con resultados productivos con crecimientos en general marginales que apenas revertirán la tendencia bajista que traía en años anteriores (lo que no es poca cosa).


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