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¿Qué ve Wall St. que no ven los analistas?
Ben Bernanke
La Bolsa anticipa. No es infalible, pero conoce su oficio. ¿Qué ven las acciones que un análisis minucioso de los indicadores se niega a revelar? La evidencia de los datos económicos no confirma la tesis de la doble recesión. No obstante, hasta la fecha tampoco la puede rechazar. ¿Se podrá tomar el vértigo de las acciones y de las materias primas como un veredicto adelantado? A la hora de evaluar la amenaza del «double dip», ¿no es el rally de septiembre un concluyente voto no positivo? ¿Qué otra fuerza que no sea una economía robusta en ciernes puede propulsar -no en un año, sino en un mes- los precios del petróleo más del 9% y, a la par, más del 10% los de las acciones industriales, de consumo discrecional y tecnológicas que cotizan en Wall Street? Desde ya que no una inflación magra y en retirada. Pero si la economía de EE.UU. estuviera a punto de estallar de vigor, ¿qué cabría esperar de Europa? El euro se disparó al alza con frenesí inusual
-más del 7,5% frente al dólar-, haciendo caso omiso a las severas grietas bancarias de Irlanda (no detectadas, en su momento, en los exámenes de estrés). Y si de veras se husmeara la irrupción de toda esa fortaleza junta, ¿cómo se podría mantener a ras de suelo la curva de rendimientos y atajar el descalabro de los bonos? En lo peor de la crisis, la tasa de dos años no perforó el umbral del 0,50% anual. La semana pasada, estrenó mínimos en 0,40%. Y el bono de diez años, imperturbable, no se aleja de su amarra de cortesía en el 2,50%. La Bolsa, las materias primas, las divisas, los bonos y el oro anticipan. Pero no la trayectoria de la economía. Su estrecha correlación demuestra por el absurdo que lo que los excita es la ruta de la liquidez. A la Fed, por cierto, no la arranca de su sopor una economía que derrocha vigor. Su intención manifiesta era ver y esperar. Lo que se vio urge abreviar los tiempos de la espera. Bill Dudley, presidente de la Fed de Nueva York, lo resumió mejor que nadie. «El ritmo de crecimiento es decepcionante aun en comparación con nuestras modestas expectativas de comienzos de año. Tras elevarse al 3,25% en la segunda mitad de 2009, se desacelera progresivamente al 2,75% en la primera mitad del año y, muy probablemente, a un ritmo aún más lento en el tercer trimestre». A su juicio, los niveles de desempleo e inflación y el tiempo que insumiría regresar a valores consistentes con el mandato de la Fed son «inaceptables». Cuanto más se extienda esta situación, mayor la probabilidad de que un eventual shock adverso complique el cuadro, «alejándonos de nuestros objetivos y acercándonos a una deflación lisa y llana». Dudley también anticipa. Y cantó su voto: justificó retomar el accionar de la Fed, a menos que la economía mejore lo suficiente como para aventar los nubarrones.
Se sabe que la Fed es un volcán de opiniones. El propio Bernanke, la semana pasada, ponderó esa diversidad: «Obliga a examinar todos los aspectos de cada cuestión». Las palabras de Dudley pueden oponerse a la reticencia de Charles Plosser, de la Fed de Filadelfia (aunque Dudley vota y Plosser no). Sin embargo, lo fundamental es que el mensaje de Dudley calza como un guante con el último comunicado de la Fed, el primero que sugirió que una inflación demasiado baja era un argumento creciente para volver a la expansión monetaria. Y Bernanke logró reunir ocho voluntades de nueve para apoyar su redacción. Con dos nuevos gobernadores recién designados (Yellen y Raskin), la balanza de la toma de decisiones se inclina más a su favor. Corolario: no se discutirá tanto la compra de bonos sino cómo se llevará a cabo.
Octubre recién comienza y la Fed, a cargo de Ben Bernanke, no tiene previsto reunirse hasta el 2 y el 3 de noviembre. La decisión que probablemente vaya a tomar fue propalada a los cuatro vientos y los mercados ya subieron a cuenta en un septiembre maravilloso. Después del festín anticipado, ¿qué queda? ¿Alcanzará con otra vuelta de café? ¿O habrá que poner más carne en la parrilla? Si la economía responde, no será un problema. Pero la Fed intercede porque ya recortó sus esperanzas. Si tropieza, será imposible evitar un zafarrancho, aunque el mercado lateral es red de contención. Si el rally se toma respiro, en la antesala de una elección también fechada para el 2 de noviembre, es de esperar que octubre arrime el cuarto serrucho bajista del año. Pero teniendo por delante el fuerte viento de la estacionalidad propicia de fin de año, será la ansiedad la que defina. Uno de cada cuatro managers de fondos de inversión en acciones corre por detrás de su patrón de referencia, con la guardia baja en resultados y en exposición. Estará presionado en tomar riesgo para cubrir la brecha antes de que concluya su ejercicio. Y para muchos el telón baja a fin de mes.

