No se puede decir que fuera una sorpresa, pero finalmente 2008 terminó registrando la mayor baja para el mercado bursátil desde la Gran Depresión de 1930. Puestas las cosas en números arrancamos con un 40,54% cedido por el NASDAQ, el 38,49% del S&P500, el 34,8% del Russell 2000 y finalmente el 33,04% que le tocó al promedio industrial. Lo histórico y teóricamente más riesgoso liderando las mermas, lo más granado de las Blue Chips al final. No puede decirse que sea una sorpresa ante este escenario que los inversores buscaran refugio en los bonos del Tesoro, cuya tasa en la versión más popular (10 años) declinó en estos 12 meses de 4,03% anual a 2,22%. Podría pensarse que los commodities, tan favorecidos en la primera mitad del año, habrían servido de refugio alternativo, pero dada la dimensión global de la crisis terminamos (aportamos sólo dos ejemplos) con el petróleo desplomándose 55,55% y el cobre retrocediendo 53,97%, mientras el oro apenas cumplió su función de refugio de última instancia avanzando un 5,64%. Para sorpresa de muchos el dólar finalizó diciembre avanzando 4,15% ante la moneda del Viejo Continente (que pagó la demora de sus autoridades en reconocer la magnitud de la crisis) aunque perdió un 18,6% frente a la nipona (el diferencial de tasas jugo a favor de Japón). En definitiva, una baja brutal, que sin embargo se movió dentro de los parámetros que indica la lógica.
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