10 de abril 2015 - 00:00

Quien se deje llevar no olvidará esta experiencia

Los magos-actores Marcelo Goober, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldúa brillan recreando imágenes fascinantes, que funcionan como metáforas, no como simples trucos de prestidigitador.
Los magos-actores Marcelo Goober, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldúa brillan recreando imágenes fascinantes, que funcionan como metáforas, no como simples trucos de prestidigitador.
"El centésimo mono". Dram. y Dir.: O. Guzmán. Int.: M. Goobar, P. Kustnetzoff y E. Zaldúa. Dis. Esc. y Vest.: G. Fernández. Dis .Ilum.: A. Cintioli. (La Carpintería Teatro)

Existe una teoría -nunca comprobada- sobre un experimento, supuestamente realizado en una isla de Japón, en el que unos científicos alimentaron a un grupo de monos con papas dulces diseminadas por la arena. Al principio los animales se negaban a comerlas, hasta que una hembra joven decidió lavar su alimento en un riachuelo antes de ingerirlo. Al tiempo, un centenar de monos ya realizaba el mismo procedimiento, lo que produjo un rápido salto cuantitativo: casi de inmediato todos los especímenes del lugar empezaron a comportarse de igual manera. Esta simpática leyenda, muy utilizada por los grupos new age para promover cambios en el mundo a través de un pequeño aporte de energía individual, le permitió al biólogo y antropólogo sudafricano Lyall Watson sostener que si un número suficientemente grande de personas ("masa crítica") adquiere un nuevo conocimiento o conducta, esto se propagará a toda la humanidad.

La teoría del centésimo mono es nombrada repetidas veces en esta imaginativa fábula teatral (ya en su quinta temporada), que creó Osqui Guzmán a partir de la propuesta de tres magos-actores (Marcelo Goober, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldúa). Es posible que la cita de Watson resulte algo forzada dentro de este contexto, pero al menos su tesis adquirió nuevas connotaciones al encarnar en tres ilusionistas que, sin tener ningún contacto directo entre sí, viven en paralelo las mismas experiencias (aunque en general el trío funciona como si fuera una misma persona).

El eje argumental gira en torno a un mago al que están operando de urgencia. Como es poco probable que sobreviva, su mente se libera buscando el camino de regreso hacia su hogar donde lo espera su mujer. Y en ese tránsito busca la manera de vencer a la muerte a través de sus maravillosos trucos de magia.

Aparecen en escena sus recuerdos, fantasías y deseos, en los que entremezclan las rutinas de un show y varias situaciones risueñas. Los intérpretes se multiplican en escena con apreciable carisma y Zaldúa ocupa también el rol de narrador (un oportuno recurso para que la historia central no se desdibuje).

La acción transcurre en el territorio del inconsciente donde impera una lógica diferente y se paralizan las leyes físicas. Eso hace que las habilidades de estos ilusionistas brillen como nunca al recrear un mundo onírico de imágenes fascinantes, pocas veces vistas, y que siempre funcionan como metáforas, no como simples trucos de prestidigitador.

La puesta resulta algo errática por momentos y no siempre conserva su intensidad dramática; pero quien se deje llevar por su clima de ensueño y su exquisito lenguaje visual, no olvidará fácilmente esta experiencia.

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