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Radicales eufóricos por segundo puesto
La diferencia con otros ejemplos electorales es que aquí, en la Argentina, las subas y las bajas suelen ser violentas y sin anestesia. Elisa Carrió puede dar un claro reporte de esa realidad.
El radicalismo en estas PASO comenzó a vivir uno de esos momentos. Después de dos elecciones a las que llegó con acuerdos que piadosamente podrían calificarse de desastrosos (Roberto Lavagna-Francisco de Narváez), le llegó el turno a una performance como hacía años no registraba.
Los radicales son hoy la segunda fuerza en el Congreso. En Diputados suman 40 bancas de las que ponen en juego 25. Es un número que implica un riesgo enorme: una derrota puede dejarlos en tercer puesto y hasta hacerles perder los cargos que les corresponden en la AGN o la Magistratura como segunda minoría del país. Pero la proyección de las PASO los aleja de todo peligro. La UCR podría llevarse de octubre un bloque de 46 miembros.
De todos los resultados hay un dato clave que provocó euforia en los radicales: donde el partido fue solo o liderando alianzas la cosecha fue mucho mejor. Como en Jujuy, donde Gerardo Morales y Mario Fiad no pudieron ganar, pero quedaron sólo un punto debajo del peronismo de Eduardo Fellner, que vive en esa provincia bajo la tutoría de Milagro Sala (autorizada por la Casa Rosada). La jefa de la Tupac Amaru hasta se dio el lujo de retar en público a Fellner por el riesgo de haber estado a un punto de perder frente al radicalismo. No era para menos: la UCR hasta llegó a ganarle la elección en Humahuaca y en Palpalá.
En Corrientes, Ricardo Colombi, que a pesar de las presiones sigue llamándose radical, con más del 47 % de los votos, le sacó 10 puntos al Frente para la Victoria; en Córdoba, Oscar Aguad quedó más que cómodo en segundo puesto y desplazó al macrismo y, obviamente, al Frente para la Victoria, y en Chaco Ángel Rozas con Unión por Chaco llegó al 40,85%. Esta vez no hubo rodeos: todos reconocieron que no esperaban esos resultados.
La política local registra los fenómenos de Santa Cruz por las peleas entre el gobernador Daniel Peralta y Cristina de Kirchner. Pero en esta elección ninguno de esos dos grupos fue fenómeno: el radical Eduardo Costa, que viene de buenas performances en elecciones anteriores, fue con su Unión para Vivir Mejor a las PASO y se aseguró el 44,54% de los votos. Eso es, por si el mero número no sorprende, exactamente el doble de lo que sacó el siguiente partido, que es el Frente para la Victoria.
Pero sin duda el resultado que se ventiló fue el de Mendoza. Allí Julio Cobos encabezó la Lista 3 pura y original del radicalismo en todo el país y le sacó 17,6 puntos de diferencia al Frente para la Victoria.
La interna previa fue feroz. La lista de Cobos llegó sin el apoyo de otro radical, Roberto Iglesias, que fue en acuerdo aparte junto con Víctor Fayad, el intendente de Mendoza capital que no se pone colorado a la hora de reivindicar políticas de Cristina de Kirchner. Esa división pareció debilitar a Cobos, aunque el resultado final no lo terminara indicando.
Tal es la cercanía de Fayad con el kirchnerismo que esa lista protagonizó uno de los mayores escándalos del domingo en Mendoza. Según denunciaron los radicales de la Lista 3 detectaron en la mañana de domingo una actitud extraña de la kirchnerista presidente del Concejo Deliberante de San Rafael, María Cristina Da Dalt. La funcionaria entraba y salía de las escuelas controlando fiscales y dando instrucciones, casi siempre en voz baja. Llamó la atención una bolsa que mantenía siempre junto a ella. Hasta que se aproximó a un fiscal del Frente para la Victoria y le habló al oído: "Yo no hago boludeces para terceros", le respondió en voz alta el fiscal kirchnerista. Los fiscales presentes registraron de inmediato que algo extraño sucedía. Enseguida quedó claro el escándalo que luego fue denunciado a la Justicia electoral: la funcionaria kirchnerista tenía como tarea garantizar que en todas las mesas se mantuviera la provisión de boletas de la lista de Fayad e Iglesias.


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