17 de julio 2012 - 00:00

Rajoy sin paz: se habla de un rescate a España

Mariano Rajoy
Mariano Rajoy
Si el costo al que se financia el Tesoro español sigue siendo tan alto es porque los inversores no creen en su solvencia. Nadie parece haber tomado muy en serio los anuncios de ajustes ni los rescates. La razón es que existe, como la bautizó el analista español Jesús Sánchez Quiñones, «una burbuja en la administración pública». Entre 2002 y 2007 los ingresos fiscales crecieron un 53% mientras que los gastos lo hicieron a un ritmo menor del 45%. El problema nace a partir de 2008 cuando los políticos de turno parecen haber asumido que los ingresos eran de carácter estructural y no coyuntural, por lo que el gasto continuó incrementándose sin tener en cuenta los recursos, generando un déficit sostenido. Vale mencionar que en 2001 los empleados públicos sumaban 2.506.000, en 2008 alcanzaban a 2.959.000 y en 2011 eran 3.190.000. O sea, en plena crisis creció casi un 8%. Según datos de Eurostat, las administraciones públicas gastaron por encima de los ingresos un 31% más en 2009, un 25% en 2010 y 24% en 2011. Esto explica por qué el déficit fiscal sólo se redujo del 9,1% del PBI en 2010 al 8,9% el año pasado. El mercado no hace otra cosa que reflejar así, vía precios, la percepción de la realidad y las expectativas de los inversores, incorporando en la prima de riesgo (ayer en 560 puntos) la imagen que España está en quiebra técnica.

En este contexto ayer la atención del mercado se concentró en un artículo del Wall Street Journal que decía que el Banco Central Europeo propuso que fueran los tenedores de deuda los que asumieran las pérdidas en el caso de las cajas de ahorros que estuvieran más dañadas. Pero los ministros de Economía y Finanzas del eurogrupo parecen haber soslayado dicha propuesta. Para los analistas ésta es precisamente una solución acertada: que cada acreedor soporte una quita o una conversión de deuda en acciones preferentes, evitando trasladar una deuda de entre 50.000 y 100.000 millones a todos los contribuyentes españoles. Claro que aquí surge un problema práctico: Irlanda, ya que 4,5 millones de irlandeses preguntarán por qué ellos sí tuvieron que pagar con sus impuestos los problemas de la banca.

Pero como las medidas anunciadas no atacan la reforma estructural del modelo de Estado y del modelo de bienestar, suscitan entonces comentarios como el del presidente del Bundesbank, Jens Weidman, sugiriendo que España debería solicitar un rescate completo de su economía, y no sólo el rescate bancario. Weidman considera «urgente» corregir los problemas estructurales que aquejan a España y, al parecer, piensa que el Gobierno de este país hará mejor esa corrección dentro del marco de una intervención completa, aunque no fuese bajo el modelo griego o portugués. Sea como sea, lo que sí es claro es que cuando hay problemas estructurales, los recortes de gasto no son suficientes y la ayuda financiera externa tampoco funciona, porque cae en saco roto y se va por los agujeros del sistema. Se puede estar o no de acuerdo con las palabras de Weidman, pero no es una persona que, ni por el cargo que ostenta ni por la formación y responsabilidad que tiene, suela hablar a la ligera. El mensaje de Weidman apunta a que la economía española es demasiado relevante como para dejar pasar el tiempo sin hacer lo que hay que hacer y que si el Gobierno español necesita hacerlo en el marco de una intervención, mejor eso que no hacer nada.

Aunque gran parte del mercado opina que el problema español es la deuda pública, parece que Weidman no está solo. Un reciente informe de Goldman Sachs sostiene que el principal problema español es la deuda externa, que se ha acumulado como resultado de su sobreendeudamiento internacional. Según el banco de inversión estadounidense, «las consecuencias del problema de la deuda externa están afectando el sistema bancario de España, a la economía en general y, como consecuencia, a sus finanzas públicas». España es un ejemplo de fase aguda de acumulación de deuda, de exceso de endeudamiento internacional y de freno abrupto de la financiación privada, para estos analistas. Destacan que algunas de las políticas de apoyo, principalmente lanzadas por el BCE, han ayudado a contener el impacto en la economía real de las consecuencias de este cese repentino de la financiación privada. Por otro lado, sostienen que aunque la deuda externa probablemente se estabilice en su nivel actual, ello fue posible principalmente por la destrucción de la demanda interna, de la actividad y de las importaciones.

Por todo esto, Goldman Sachs concluye que, si bien es posible ver una estabilización en la deuda externa, lo normal es que, teniendo en cuenta el tamaño inicial de la misma y las rigideces estructurales que impedirán los procesos de ajuste, España necesite ayuda externa en los próximos trimestres.

La eurozona, sin duda, entró en una nueva fase en la solución de sus problemas, en la medida en la que éstos afectan a España, Italia y posiblemente en un futuro a Francia. Pero España tiene una mayor deuda externa, y por eso sus problemas son más urgentes, como lo muestra el que el Tesoro italiano haya podido colocar bonos a diversos plazos con relativa comodidad, incluso tras la rebaja de su calificación por parte de Moodys, mientras España debe sufrir en cada subasta.

Un posible rescate de ese país plantea una grave incógnita: ¿estarán dispuestos los socios del Norte a financiar algo tan caro (las últimas estimaciones rondan los 300.000 millones de euros? Quizás los finlandeses deciden irse del euro finalmente.

Más allá de un rescate total, o sea, una intervención a lo griego, lo que está claro es que España ya cedió soberanía, en el simple hecho de que el Gobierno de Rajoy incumplió cada punto de su programa electoral a base de imposiciones externas. Un comentario final. A fines de 2011 el BCE inyectó 300.000 millones a la banca española mediante el programa de pases LTRO. ¿A dónde fue a parar todo ese dinero?: a pagar los vencimientos de deuda propia y el resto, a comprar deuda española. La prima de riesgo española tras esa inyección bajó de 460 a 300 puntos y se mantuvo estable a la espera de que el nuevo Gobierno de Rajoy anunciara medidas. Sin embargo Rajoy, creyéndose ganador en las elecciones andaluzas, retrasó la presentación de los presupuestos generales del Estado para 2012 hasta después de dichas elecciones. Estas maniobras también fueron incorporadas a las expectativas de los inversores y trasladadas inevitablemente al mercado. De ahí que tras la presentación de los paquetes de medidas, nadie crea nada porque han seguido gastando a mansalva, y para colmo intentaron engañar y aprovechar la coyuntura para ocultar información.

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