• SÓLO CIRCULA LA POCA GENTE OBLIGADA A HACERLO, ESCASEAN LOS BARBIJOS Y HAY TEMOR
La ciudad cambió por completo su apariencia. Y las mascarillas, fundamentales, empiezan ya a escasear.
Por Nan Giménez, enviada especial a México.- Y encima ayer la tierra tembló. Para todo argentino, llegar a México estos días, por turismo o en viaje de trabajo, es entrar en una película de ciencia ficción. A quien conoce esta ciudad lo primero que le llama la atención son las calles desoladas y la facilidad con que se transita por las mismas zonas donde manejar normalmente es una pesadilla.
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Desde el viernes, día en que se declaró oficialmente la epidemia de influenza, el panorama fue mutando al ritmo de la información. En principio, tras el reparto público de barbijos (que aquí se los llama tapabocas), los únicos que parecían usarlos eran los empleados de servicios, restoranes y edificios públicos, amén de turistas, europeos en su mayoría.
Las clases media y alta, más escépticas o protegidas, recién parecieron empezar a comprender la gravedad del asunto ayer, lunes, primer día laboral, cuando, ¿por supuesto?, ya no se encuentran barbijos en ninguna parte. Entonces se ven auténticos (y vanos) vía crucis por supermercados, farmacias y hasta ferreterías. A decir verdad, a simple vista al menos, los barbijos que usan los pintores parecen menos vulnerables que los azules de papel que repartió el Ejército y que hay que cambiarse cada tres horas. Jóvenes y niños todavía los usan en el cuello o como vincha, muchos de ellos decorados en casa. Como un chiste. Todavía.
Con escuelas, museos y todo local de recreación cerrados (las primeras al menos hasta el 6 de mayo), la poca gente que circula por las calles por obligación ya lleva cualquier cosa tapándole la boca, y, claro, la desconfianza es ley. El que estornuda o tose en público recibe invariablemente una mirada cargada de paranoia, cuando no de reconvención. Cumpliendo las recomendaciones oficiales, ya nadie se saluda «de beso» ni se da la mano y, sin disimulo ya, incluso entre amigos es posible advertir que muchos dan vuelta levemente la cara cuando otro le habla cerca.
Más allá de la vida cotidiana, a tono con los tiempos electorales (en junio hay comicios legislativos), los diarios ya registran las acusaciones opositoras al accionar del Ejecutivo panista. Las críticas más furibundas vienen del PRI, que por un lado acusa al Gobierno de Felipe Calderón de estar usando la epidemia con fines electorales y por otro lo critica por haber reaccionado tarde a las advertencias de la Organización Mundial de la Salud, que, dicen, empezaron ya el 2 de abril.
Por lo pronto, los extranjeros sufren debido a que no pueden regresar a sus países, ya que las líneas aéreas están saturadas y algunas de ellas limitaron los vuelos. Además, uno no sabe cómo va a ser recibido en su país. ¿Cordón sanitario? ¿Cuarentena? En fin, miedo.
Para peor ayer hubo un sismo de 5,7 grados en la escala de Richter, que se sintió y agregó dramatismo al drama: por prevención, y por temor a una réplica como la que destruyó media ciudad en 1985 y nadie olvida, desde luego, se evacuaron todos los edificios de oficinas. Por más que el ausentismo laboral es ya muy fuerte, imagine la impresión que causaba ver tanta gente enmascarada parada detrás de los diferentes letreros que se usan para que no se disperse el personal de cada repartición.
El día D para todos aquí, locales y visitantes, es el muy lejano 6 de mayo. No se sabe bien qué se espera, pero es la fecha que dio el propio presidente Calderón para ver si alguien, sea de la disciplina que fuere, puede dar una respuesta que calme algo esta incertidumbre que viene a sumarse a la crisis financiera internacional, que desde el viernes pocos parecen recordar. Menos los economistas, que ya están hablando de pérdidas multimillonarias en la actividad económica local ya casi totalmente paralizada.
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