23 de marzo 2009 - 00:00

Rearme ruso salva una industria en ruinas

Dmitri Medvédev maneja un presupuesto de Defensa de más de u$s 40.000 millones
Dmitri Medvédev maneja un presupuesto de Defensa de más de u$s 40.000 millones
Dos noticias provenientes de Rusia levantaron enorme polvareda en los medios en los últimos días. Es lo que Moscú buscaba. Tanto cuando el martes 17 el presidente Dmitri Medvédev anunció el rearme a gran escala del Ejército y la Armada de su país, como cuando el miércoles último trascendió que existe un contrato ruso-iraní para proveer a Teherán de sistemas antimisilísticos S-300. No fueron novedades, sino ratificaciones de información ya conocida. Y, por sobre todo, una contestación a Washington, con dedicatoria exclusiva para Barack Obama y su entorno.
Primero, los contextos. El anuncio de Medvédev del martes pasado fue hecho frente a la cúpula de oficiales de las FF.AA. rusas, luego de que en días anteriores se publicaran varios estudios sobre el estado de virtual bancarrota que aqueja a la industria bélica de su país.
El presidente ruso sólo ratificó el plan implementado por su antecesor, Vladímir Putin. Así, dentro del programa para modernizar el 70% del equipamiento armamentístico antes de 2020, el Kremlin destinará el 25% del presupuesto 2009 de Defensa (u$s 10.700 millones) a la adquisición de armas y a la actualización del arsenal atómico. Buenas noticias para el millón y medio de personas que emplea el departamento de Defensa ruso. Y una promesa de lavado de cara para la santabárbara de ojivas nucleares más grande del mundo (Rusia acusa tener 6.681), 60 submarinos nucleares y 237 bombarderos (16 Tupolev-160, 63 Tu-95 y 158 Tu-22).
Aunque Medvédev explicó ante los altos mandos militares rusos que este «rearme a gran escala» se hace ante la molesta expansión de los escudos antimisiles de la OTAN sobre territorio de la ex URSS, y la amenaza de crisis sociales y de actos terroristas en el interior de la Federación Rusa, el presidente estaba contestando un informe de inteligencia difundido por EE.UU. en los días previos. El dossier explicaba que «la situación del sector industrial de defensa es tan tétrica que, en comparación, los casos de AIG y de Bank of America parecen ejemplos sanos».
Casi en simultáneo, la agencia de noticias Bloomberg revelaba que el conglomerado estatal Rostekhnologia (ROT) se había tenido que hacer cargo del management y salvataje de casi 400 empresas rusas relacionadas con la industria bélica. Peor todavía, Serguei Chemezov, director de ROT y -se dice- el mejor amigo de Putin, declaraba ante el Parlamento ruso que un tercio de las compañías de defensa había quebrado, y que la industria en su conjunto debía u$s 17.500 millones. Con un futuro borrascoso, además: sin posibilidad de acceso a los u$s 9.000 millones en crédito que se necesitarían para poder cumplir con los contratos de 2009.
Justamente, el atraso en la entrega de un portaviones clase Kiev a la Armada de la India por parte de astilleros estatales rusos (es el Almirante Gorshkov, rebautizado Vikramaditya), y el pedido de Moscú de u$s 1.200 millones adicionales a los u$s 1.500 ya pagados por Nueva Delhi, precipitó que la Casa Blanca aprobara el lunes 16 de marzo un acuerdo por u$s 2.100 millones en venta de aviones P-8A Poseidón (antisubmarinos nucleares) a India. No sólo es el acuerdo armamentístico más grande hasta ahora entre EE.UU. e India, sino que libera a Nueva Delhi de sus lazos históricos con Moscú en lo referente a equipamiento militar y a la vez desequilibra la balanza de pesos y contrapesos que Rusia y EE.UU. tienen en la zona. Asimismo, es una fuerte señal para China, que construye en estos momentos la armada más poderosa de Asia.
Reacción

En cuanto al Kremlin, el miércoles 18 reaccionó con la difusión del acuerdo firmado en 2007 y no concretado aún con Irán, por el que le entregarían -de acuerdo con el matutino Kommersant- cinco baterías antimisiles S-300 para resguardar sus búnkeres nucleares. El anuncio ruso no agregó nada a la Casa Blanca, salvo el saludo al pueblo iraní por parte de Barack Obama el viernes, algo programado con anticipación. Forma parte de la nueva política de seducción hacia Irán, que en las elecciones de este año pone en juego tanto un eventual acercamiento hacia Occidente como un posible desarme nuclear.
Pero este tira y afloja entre Rusia y EE.UU., con India e Irán como telón de fondo, esconde además una negociación en torno a la guerra en Afganistán. Con el abastecimiento de las tropas estadounidenses virtualmente interrumpido por los asaltos que sufren los envíos al atravesar Pakistán, EE.UU. busca la venia rusa para utilizar rutas alternativas por los países de la ex URSS. Eso es lo que está en juego detrás de los anuncios y las declaraciones.

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