15 de enero 2009 - 00:00

Reconoció torturas una funcionaria de Bush

George W. Bush
George W. Bush
Washington - Una funcionaria de la administración del presidente estadounidense George W. Bush admitió por primera vez públicamente la aplicación de torturas en el campo de detención de Guantánamo, según publicó ayer el diario The Wa-shington Post.
Susan J. Crawford, responsable de la presentación de cargos contra los presos de Guantánamo, dijo al periódico que decidió no presentar una acusación contra el saudita Mohammed al Qahtani tras comprobar que había sido sometido a tortura durante el interrogatorio.
«Nosotros (Estados Unidos) torturamos a Qahtani», sentenció Crawford en entrevista con el diario. En repetidas ocasiones, incluido un reportaje con la cadena de televisión CNN el martes, Bush aseguró que «Estados Unidos no tortura».
«Yo estoy cómodo con lo que hicimos y sé que era necesario para proteger al país», afirmó Bush. «Todo lo que hicimos fue..., sabe, tenía opiniones legales para respaldarlo».
Crawford dijo que Al Qahtani, quien supuestamente participó en los preparativos de los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001, durante un largo tiempo fue mantenido incomunicado, sometido a privación del sueño y expuesto a temperaturas muy bajas, por lo que su vida llegó a correr peligro.
Técnicas
«Las técnicas que se utilizaron estaban todas autorizadas, pero la manera en que fueron aplicadas fue excesivamente agresiva y demasiado persistente», confesó la funcionaria. Explicó que debido a los efectos de esos métodos sobre la salud del detenido, ella llegó a la conclusión de que se trataba de un caso de tortura.
Además, Crawford dijo que Al Qahtani fue amenazado con un perro del Ejército y que el preso fue obligado a ponerse ropa interior femenina y a comportarse como un perro adiestrado para un circo.
«Éste no fue un acto particular, fue simplemente una combinación de cosas que tuvieron un impacto médico en él, que dañaron su salud. Fue abusivo e innecesario. Y coercitivo. Claramente coercitivo. Fue ese impacto médico lo que me hizo cruzar la línea» para llamarlo tortura, afirmó.
Al Qahtani, que sigue detenido en Guantánamo, estaba llamado a ser el «secuestrador número 20» de los aviones que los terroristas estrellaron contra las Torres Gemelas, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington. Un mes antes de los atentados, sin embargo, había sido rechazado en la Aduana estadounidense por un agente de inmigración.
En mayo de 2008, Crawford decidió no presentar cargos contra Al Qahtani, en contra de la petición oficial del Gobierno estadounidense. En cambio, sí lo hizo contra los otros cinco acusados, Jalid Sheij Mohammed, Ramzu Bin al-Shibh, Ali Abd al-Aziz Ali, Mustafa Ahmed al-Hawsawi y Walid Bin Attash, para los que pidió la pena de muerte.
Según documentos conocidos en el pasado, Qahtani tuvo que ser hospitalizado en dos ocasiones en Guantánamo porque el ritmo de su corazón bajó a niveles muy peligrosos.
En una ocasión, descendió hasta las 35 pulsaciones por minuto.
A pesar de su decisión, Crawford, que se define como republicana, se mostró convencida de la culpabilidad de Al Qahtani. «No tengo dudas de que habría estado en uno de esos aviones si hubiera accedido al país en agosto de 2001».
Crawford reconoció que decidir qué hacer con Al Qahtani es complicado. «Es un hombre muy peligroso. ¿Qué hacemos con él si no lo procesamos y juzgamos? Yo tendría dudas en decir 'déjenlo marchar'».
Agencias DPA, Reuters y EFE

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