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Redescubrir desde la imagen la obra de Baldomero
Martín Malamud: “Fernández Moreno es un poeta en el que no es posible establecer un límite claro entre vida y obra; puede leerse perfectamente su obra como el diario poético de su vida”.
Malamud estudió Bellas Artes en la Escuela Prilidiano Pueyrredón y en los talleres de Luis Scafati, Aída Carballo y Mariano Sapia. Sus dibujos fueron expuestos en el Salón Manuel Belgrano, en el Salón Nacional y en diversas exposiciones colectivas e individuales. Obtuvo el primer premio de Dibujo en el Salón de Palermo Viejo en 2008 y tiene también una sólida trayectoria en las áreas de animación, videojuegos y proyectos interactivos. Actualmente es profesor titular de Animación por Computadora en Fadu-UBA y dirige el grupo Huella Digital. Dialogamos con él:
Periodista: El romance fue temprano, entonces, pero se mantuvo en el tiempo pese a que Fernández Moreno no es, generacionalmente hablando, un poeta del canon.
Martín Malamud: Soy un lector curioso, desordenado y no canónico. Es una actividad a la que siempre me acerqué guiado por la intuición, y fui construyendo de ese modo un heterogéneo grupo de autores personales de culto. Obviamente Baldomero es uno de ellos. De todos modos puedo, ahora que lo conozco en profundidad, explicitar los motivos de tal predilección: Fernández Moreno es un poeta en el que no es posible establecer un límite claro entre vida y obra; puede leerse perfectamente su obra como el diario poético de su vida. Y su vida estuvo signada por una serie de disyuntivas, a mi juicio apasionantes y actuales: el origen y la infancia hispanos o el presente americano y argentino; la medicina como profesión y servicio, o la indudable vocación poética; la ciudad y su vorágine o la calma campesina; la vida familiar, la mujer y los hijos, o la despreocupada bohemia; la alegría vital o la angustia de lo imprevisto y lo fugaz. Lo dice él mismo en el "Prólogo al Gallo Ciego": "Y que tu obra sea como el pan que se amasa/ que calienta la mesa y perfuma la casa,/y que al leerla los otros digan a su coleto,/esto lo pensé yo una vez en secreto;"
P.: ¿Las pinturas precedieron al libro?
M.M.: El libro es un feliz encuentro entre mi actividad como dibujante y la admiración y la afinidad con Baldomero como lector. Los dibujos que lo componen están hechos específicamente para ese fin. Crearlos a partir de las poesías de Fernández Moreno fue para mí un estado ideal que me permitió tener un motivo, casi diría una excusa, para repetir una y otra vez un verso, una estrofa; profundizar en sus sentidos, en su ritmo; hasta encontrar la imagen que junto con ellos constituya la nueva obra. El vínculo entre el texto y la imagen es complejo y sutil. Hay a veces un prejuicio que concibe a la ilustración como una actividad subsidiaria. Mi opinión es que se trata de crear una nueva obra donde texto e imagen convivan y se potencien.
P.: ¿Cuál fue su criterio de selección de los poemas?
M.M.: Un primer criterio fue emotivo, todos los poemas que elegí me conmueven. Pero algunos me producían una emoción que no se traducía en imágenes, o eran demasiado extensos y no se adaptaban a la estructura del libro. En los restantes iniciaba un camino a partir de bocetos rápidos y diversos, para ir definiendo simultáneamente el contenido, el estilo y la técnica. De cualquier modo, al concluir el libro vi con cierta sorpresa y alegría, que la selección realizada permite tener una visión muy completa de la obra del poeta y sus etapas. Desde el punto de vista formal están representadas las tres etapas en que se divide habitualmente su obra: el período más estrictamente sencillista, el formal y el esencial. Desde otro más anecdótico están presentes sus sentimientos amorosos y paternos, su perspectiva de lo rural, lo pueblerino y lo urbano, su experiencia como médico y como docente, sus períodos más alegres y los decididamente melancólicos.
P.: ¿A qué obedece la diferencia de técnicas y estilos para cada poema?
M.M.: La asociaría con el "clima" o el "tono" del poema. La definición del contenido, el estilo y la técnica no es un proceso secuencial sino simultáneo en donde los tres aspectos se van ajustando como un rompecabezas. Entre ellos, el aspecto técnico es el que me produjo en general menos dudas: casi inmediatamente "veía" la imagen asociada a un poema como una acuarela, como en el caso de "Propósito", una aguada como en "Temporal" o un dibujo a plumín como en "Poeta".
P.: Es singular que usted excluya el poema al que Baldomero debe su mayor fama, "70 balcones y ninguna flor". ¿Lo valora menos que al resto de su producción?
M.M.: No es de los que más me gustan. De cualquier manera lo considere, avancé con algún boceto y no encontré una forma visual que me convenciera. De todos modos hay otras de sus obras más conocidas, como el "Soneto de tus vísceras" o "Una estrella", que forman parte del libro.
P.: ¿De qué artistas plásticos reconoce usted influencias en su obra?
M.M.: Sin duda los artistas a cuyos talleres concurrí: Scafati, Carballo y Sapia influyeron significativamente en mi forma de abordar el dibujo y el arte en general en aspectos profundos que tienen que ver con una actitud vital de búsqueda, de perseverancia en la incertidumbre. En los últimos años estoy incursionando en el sumi-e, un estilo de pintura japonesa en el taller de Stella Escalante, y su perspectiva también contribuye a enriquecer mi trabajo.
P.: ¿Cómo es su relación con los herederos de Fernández Moreno?
M.M.: El proyecto de ilustrar sus poesías me acompañaba desde hace mucho tiempo. Hace unos años me mudé a Parque Chas y a poco de hacerlo me enteré de que casi en frente de casa vivía una de las nietas del poeta. Fue la señal de que era el momento de concretar el proyecto. Me puse en contacto con ella y luego conocí al resto de la familia: una hija y otras cinco nietas. Al principio tenían ciertas dudas respecto a esta obra un poco heterodoxa de poesía ilustrada con un criterio de selección tan pasional, pero creo que las fui convenciendo justamente a fuerza de pasión. A través de ellas tuve acceso a obras que no conocía y a un sinnúmero de pequeñas anécdotas del poeta que enriquecieron mi perspectiva y contribuyeron a hacerme aún más entrañable su figura. Me acompañaron con mucha calidez en la presentación del libro y actualmente están muy contentas de este aporte a que la obra del poeta llegue de un modo distinto a nuevos lectores. Tal es así que participaron del libro con una introducción donde sumaron hermosos comentarios. Clara Vasco, hija de Clara Fernández Moreno y nieta del poeta, dijo por ejemplo: "Martín no sólo dibuja imágenes de los poemas, también le pone piel a sus imágenes interiores. Traduce en dibujos, acuarelas, lápices; el palpitar, el aliento, la voz del poeta". E Inés Fernández Moreno, hija de César: "Un libro fundado en lo mejor que le pasa a un escritor. Otro lo lee y en él resuenan de manera singular sus textos, completando o ampliando su emoción y sus sentidos."
P.: ¿En qué está trabajando ahora?
M.M.: Soy un eterno aprendiz del baile del tango. A pesar de lo lento y lo magro de los resultados fui conociendo en el proceso una considerable cantidad de milongas porteñas y todas son a su modo maravillosas: el ambiente, la luz, el rito repetido y compartido, los personajes que las habitan, las parejas, el baile. Mi proyecto actual es una serie de dibujos sobre las milongas porteñas que complementaré con retratos de mis cantantes y músicos favoritos y la ilustración de algunos de sus hermosos poemas y canciones. Tal vez logre ser, como bailarín, un aceptable dibujante.
Entrevista de Máximo Soto


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