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Reflexiones sobre los feriados y la llegada del Bicentenario
A estos eventos importantes se los asocia con un feriado supuestamente designado para recordar y reflexionar sobre ellos. Pero las sociedades olvidan y cada vez les interesa menos recordar el evento en sí. El feriado pasa a ocupar el lugar predominante que a todos les interesa conservar. Eventualmente, el feriado se mueve de manera de generar los famosos «fines de semana largos», y las ceremonias recordatorias del evento se pasan al último día hábil previo al fin de semana.
Los eventos patrios se refieren a personas importantes que nadie conoció en vida, en general a su fecha de nacimiento o de su deceso. Algunos también recuerdan acontecimientos pasados, supuestamente importantes para la sociedad en cuestión. Los eventos patrios hacen la delicia de los escolares: no sólo tienen el feriado correspondiente al evento, sino que el día hábil anterior tampoco tienen clases ya que corresponde realizar el acto recordatorio. En dicho acto, matizado por viejísimas canciones tocadas por casi tan viejas vitrolas, una maestra nos lee por enésima vez un aburrido discurso sobre las virtudes inigualables del patriota de turno. Los eventos patrios permanentemente son utilizados por los políticos para cimentar su poder. Al igual que las maestras, el(la) gobernante de turno también dice un discurso, el que usualmente es bastante más largo y el tono de voz es bastante más fuerte, como si fuera para sonar más patriótico.
Los gobiernos totalitarios usan los eventos patrios para hacer desfiles y mostrar sus armas. Los gobernantes civiles, además de los discursos en los que se comparan con las virtudes de los próceres de antaño, realizan masivos actos musicales que les sirven para atraer a los ciudadanos que aplauden. A veces, la tradición manda que el gobernante tenga que ir a misa, aunque sean ateos (tedeum), lo que da la oportunidad al obispo de retarlos por todas las cosas que no hacen. Debido a esto, últimamente, el gobernante se reserva el derecho de elegir la iglesia que se le da la gana.
Como las sociedades olvidan, y, además, el tiempo no se da por aludido, permanentemente debemos designar nuevos eventos para que el feriado mantenga algo de respetabilidad. Algo así como los nombres de las calles: la calle siempre está, pero su nombre es cambiado a cada rato.
Las guerras y las dictaduras son una fuente inagotable de creación de feriados. Se conmemoran las guerras que se ganaron y también las que se perdieron. En realidad, las guerras ganadas son formalmente festejadas y el feriado de las guerras que se perdieron debería ser usado para reflexionar. La verdad es que todas reciben la usual corona de flores en las plazas y regimientos, y casi inevitablemente el evento posterior para la inmensa mayoría de la gente es la comilona familiar o el partido de fútbol (que ahora es gratis por TV). Algunos declaran feriado el día en que cayó una dictadura (para festejar, supongo) y otros ponen feriado el día que asumió la dictadura(¿?).
Surge el problema de qué dictadura o guerra elegir para la ocasión del feriado. En EE.UU. eran tantos los presidentes que se honraban con feriados que finalmente se optó por ponerlos a todos juntos y llamarlo el «Presidents Day». Lo mismo les pasó con las guerras: participaron en tantas guerras que crearon el «Veterans Day», cuando honran a todos los ex combatientes, ya sea en guerras ganadas o perdidas.
Llego ahora al tema que nos concierne: la Argentina del Bicentenario. En esta ocasión tan importante (que cae un martes) no tenemos un feriado, sino dos, gracias a un decreto especial de la presidencia. Se festeja la Revolución de Mayo que en realidad no fue una revolución sino un acto político muy inteligente y oportuno para elegir autoridades locales debido a la acefalía creada por la invasión de Napoleón a España. Este proceso culmina años después con la Declaración de Independencia desde Tucumán y la campaña exitosa de expulsar permanentemente a los ejércitos españoles de Sudamérica, a cargo de San Martín desde la Argentina y Bolívar desde Venezuela.
Lo primero que me viene a la mente es que, al cabo de 200 años, la Argentina y Venezuela continúan unidas en un proceso de hegemonía continental. San Martín y Bolívar, Kirchner y Chávez. Antes, el factor de unión era la lucha contra los españoles, ahora parece ser la lucha contra casi todos ya que a ambos líderes no les gusta nadie excepto ellos mismos (y el comandante Castro).
En este Bicentenario, la Argentina y Venezuela tienen otras cosas en común. Ambas compiten por las tasas más altas de inflación de la América Latina que otrora se pretendió unificar. Ambas también comparten el podio de las mayores tasas de riesgo-país del planeta. Ambas dependen exageradamente de un solo producto: la soja o el petróleo. Ambas padecen de sociedades lastimosamente divididas entre buenos y malos en permanente conflicto, lo cual no augura nada bueno para el futuro próximo.
Después de mucho pensar, encontré algo que nos diferencia de Venezuela: la hora oficial. Mientras Chávez recurrió a la payasada de adelantar los relojes media hora, los Kirchner decidieron mantener la hora sin cambios en este año del Bicentenario, algo por lo que sinceramente los felicito.
Los eventos desatados por la Revolución de Mayo llevaron a su fin a la dominación española sobre nuestro país. En perspectiva, alguien podría preguntarse si eso fue bueno. Al fin y al cabo, no todas las revoluciones son buenas, y a muchos países les gusta unirse en vez de separarse (caso Unión Europea actual). No tengo respuesta a ese interrogante, si bien es cierto que, al momento de la independencia, España no trataba muy bien a sus colonias, lo cual sería una justificación válida para lo que pasó. La verdad es que a España tampoco le va demasiado bien en estos días: a la crisis financiera y el desempleo récord se les suma que tienen un juez Garzón que quiere abrir causas judiciales contra el franquismo.
Por suerte, lo que pasó en estos dos siglos no es totalmente irreversible ya que el colonialismo no es la única manera que el mundo actual nos ofrece para mantenernos más unidos.
Después de innumerables pruebas, hemos demostrado la incapacidad de integración política y económica con nuestros vecinos. Al recién nacido Unasur le auguro tanto futuro como a la ALALC o al tan ansiado ABC. Quizá debamos mirar algo más lejos: tanto Europa como América del Norte están realizando procesos de integración político-económica que no necesariamente están cerrados para nuestro país. Para comenzar, la Argentina tiene la opción de negociar como país soberano la integración económica con mercados poderosos como el Mercado Común Europeo o el NAFTA, para suplementar al ya casi feneciente Mercosur.
El Bicentenario nos encuentra divididos y sin saber adónde ir. Visto desde una perspectiva positiva podemos decir que tenemos todo por hacer. Esta vez, tratemos de hacerlo bien. Usemos estos cuatro días de feriado para reflexionar positivamente.
Feliz locro con empanadas y «Good Show», como diría el inigualable Tato Bores, el único que siempre nos comprendió.
(*) Rector de la Universidad del CEMA.


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