Luego de que legisladores pusieran en duda la calidad y exactitud de la información obtenida gracias a los programas de ciberespionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) sobre un plan terrorista contra legaciones diplomáticas estadounidenses y cuestionaran si ese tipo de datos justifican la violación de la privacidad de cientos de millones de personas en todo el mundo, las autoridades dieron más detalles para acallar el debate.
Según publicaron varios medios estadounidenses, fuentes del Gobierno confirmaron que las conversaciones interceptadas eran del jefe de Al Qaeda, considerado el sucesor de Osama bin Laden, Ayman al Zawahiri, y el líder de la célula yemení de la red terrorista, Naser al Wuhayshi.
Ambigüedad
"La amenaza es real y tenemos que estar vigilantes", insistió ayer el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, en respuesta a las dudas que generó en algunos sectores la emisión de una alerta con carácter ambiguo (bastante precisa como para implicar una advertencia pública pero geográficamente vaga porque fue necesario cerrar una veintena de embajadas y consulados para evitar el ataque).
Adam Schiff, un demócrata de la comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, se mostró escéptico: "Si repara en el programa de recolección de metadatos, no hay indicios de que ese programa haya contribuido a obtener información sobre la amenaza concreta", señaló en referencia a los programas de ciberespionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) que, según las autoridades, sirvieron para detectar los planes de Al Qaeda y a la suspicacia que despierta que ello haya ocurrido en momentos en que esos programas son criticados en todo el mundo.
Pensar, no obstante, en una operación de distracción o en una cortina de humo tras las dificultades de la NSA irritó al republicano Peter King, para quien "es absolutamente disparatado decir que hay un complot". "Vi la información. El Gobierno hubiera sido totalmente negligente si no hubiera tomado las decisiones que tomó.
Las conversaciones de los terroristas recuerdan mucho "las usadas antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001", dijo por su parte el senador Saxby Chambliss, representante de la Comisión de Inteligencia del Senado.
El recuerdo de las críticas al Gobierno tras el ataque contra el consulado estadounidense en Bengasi, Libia, en septiembre de 2012 -en el cual murieron cuatro estadounidenses, incluido el embajador- sigue presente, aseguró Phil Mudd, exagente de la CIA y del FBI. "La administración de Obama no tenía opción. Se alerta a la gente sabiendo que la amenaza) es muy vaga. Pero si no lo hace y pasa algo, se le reprochará haber tenido la información y no haber dicho nada", afirmó.
El domingo, Estados Unidos anunció que mantendría cerradas hasta el 10 de agosto a 19 legaciones diplomáticas en Medio Oriente y África, luego de que durante ese día estuvieran cerradas un total de 22 para evitar el posible atentado de Al Qaeda. Los socios europeos de Washington, Reino Unido, Francia y Alemania, hicieron lo mismo pero sólo en Yemen.
Para los analistas, eso deja dos posibles conclusiones: o hay indicios de que el presunto ataque iba dirigido contra una legación extranjera en Yemen o aumentó el riesgo en Yemen, aunque allí ese riesgo ya existía más allá de la advertencia general lanzada ahora.
Fuentes de seguridad yemeníes indicaron que es posible que algunos miembros de Al Qaeda llegaran en los últimos dos días a la capital, Saná. Sin embargo, subrayaron que en la ciudad hay suficientes miembros de la red terrorista como "para atacar en cualquier momento cualquier objetivo extranjero o nacional", generando aún más interrogantes sobre si fue o no exagerado el nivel de alarma generado por Estados Unidos.
| Agencias AFP, ANSA y EFE, y Ámbito Financiero |


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