17 de enero 2011 - 00:00

Resaltan bondades de la inflación (en superávit)

El Gobierno habría registrado un déficit fiscal de $ 17.000 millones, si no hubiera contado con las transferencias del Banco Central y la ANSES, señaló ayer la consultora IDESA. Se gastó en 2010 unos $ 382.000 millones mientras que los ingresos totales ascendieron a $ 390.000 millones, por lo que logró un resultado financiero positivo de aproximadamente unos $ 8.000 millones.

Sin embargo, dentro de los ingresos totales se contabilizan $ 25.000 millones que en su mayor parte pertenecen a transferencias del Banco Central y a la ANSES, por las rentabilidades obtenidas sobre las reservas y los ahorros previsionales estatizados.

El resultado financiero positivo (que es lo que se anuncia como «superávit fiscal» y que algunos analistas consideran un signo de fortaleza), una vez que se descuenta la rentabilidad del Banco Central y la ANSES se convierte en un déficit de $ 17.000 millones; así lo indicó IDESA que además apuntó contra la importancia de la inflación para la recaudación fiscal. Dijo que las rentabilidades surgen de una «contabilidad nominal», es decir, mientras más alta es la inflación, más altas son las rentas de las reservas. «Si se corrigieran estas rentabilidades por inflación, sus niveles serían muy bajos y en algunos casos hasta negativos», advirtió en un informe.

Incremento automático

Por lo tanto, si esas rentas se valuaran correctamente -no considerando como rentabilidad lo que es un derivado del aumento en el nivel general de precios- las transferencias al Tesoro serían muy pequeñas y, por lo tanto, «se haría explícita la precaria situación fiscal.


Además de inflar nominalmente las rentabilidades, la inflación permite incrementar de manera automática la recaudación impositiva en términos nominales», agregó la consultora.

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