Mientras el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, propone a las empresas que retrotraigan precios para contener la inercia inflacionaria, en el Banco Central apuntan a adoptar al menos dos estrategias tendientes a evitar que el recalentamiento de la economía siga en aumento. En febrero el Índice de Precios al Consumidor (IPC) dio como resultado un 4,7% y se proyecta que en marzo llegará como mínimo a otro 5 %. En el Gobierno ya asumen que la meta de un 48% de máxima para 2022 será superada.
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Reservas, la otra apuesta del Central para contener la inflación
En ese marco la entidad que conduce Miguel Pesce plantea dos líneas de acción. Una de ellas es la acumulación de reservas y la otra es el aumento de las tasas de interés, ambas negociadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el acuerdo que aprobará este viernes el organismo de crédito.
“Una condición necesaria para reducir los niveles de inercia inflacionaria es mantener un proceso de acumulación de reservas que disipe los riesgos de crisis de balanza de pagos y saltos abruptos del tipo de cambio, anclando de este modo las expectativas cambiarias”, afirma el BCRA en su último reporte de Política Monetaria.
El reporte explica, en ese sentido, por qué la entidad aceleró este año el crawling peg: “Con el objetivo de fortalecer la posición de reservas internacionales, se modificó el ritmo de depreciación para llevarlo gradualmente a niveles más compatibles con la tasa de inflación doméstica”.
La entidad monetaria señala entonces que el acuerdo con el FMI “contribuirá a reducir la incertidumbre cambiaria y anclar las expectativas de devaluación, contribuyendo al descenso gradual de la inflación durante lo que resta de 2022”.
El BCRA plantea, por otro lado, que los cambios que viene llevando a cabo desde febrero en la política de tasas de interés también tiene el propósito de desalentar el incremento de los precios. La explicación es un tanto más ortodoxa: “el incremento en la tasa de interés de política monetaria busca propender hacia retornos reales positivos sobre las inversiones en moneda local, de modo de impulsar la demanda de pesos”.
Federico Moll, director de Economía y Finanzas de Ecolatina, explicó a Ámbito que “la acumulación de reservas puede lograrse de dos maneras, aumentando el ritmo de depreciación, lo cual aceleraría la inflación, o cerrando aún más el cepo a importadores, que también tendría consecuencias negativas sobre la inflación”. En ese sentido, opinó que “cualquiera de esos dos efectos sobrecompensaría el potencial aporte positivo que venga por el lado del manejo de las expectativas”. En cambio, indicó que “la suba de la tasa sí podría ayudar, pero en la medida que sea parte de un plan integral que explique claramente como se piensan alcanzar los objetivos fiscales y monetarios impuestos en el programa con el FMI”. Dicho eso, el director de Ecolatina aclaró que “la suba de tasas es una condición necesaria, pero por si misma poco impacto puede tener”
Por su lado, Diego Piccardo, economista de la Fundación Libertad y Progreso, consideró que las medidas que plantea el BCRA pueden tener una efectividad limitada. “Yo soy de los que piensan que para frenar la inflación no hay política monetaria que sustituya una buena política fiscal”, señaló a Ámbito. Piccardo precisó que “el problema que tiene la suba de tasas que está llevando a cabo el Central es que sigue por debajo de la tasa de inflación”. Tomando en cuenta que el IPC de febrero llegó al 4,7%, si se anualiza esa cifra da un ritmo del 77%. “No creo que el BCRA lleve la tasa anual a ese nivel”, explicó.
Por su lado, Nicolás Pertierra, economista del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), explicó que las medidas planteadas por el BCRA “no constituyen en sí un programa de desindeaxión” de la economía, pero que “pueden mejorar la probabilidad de éxito” de un plan de enfriamiento de los precios.


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