2 de octubre 2009 - 00:00

Residencia de emperadores y un refugio para turistas

Datos para recorrer la isla de Capri, amada por artistas y magnates
Datos para recorrer la isla de Capri, amada por artistas y magnates
Su privilegiada situación geográfica, dominando el golfo de Nápoles, además de su espléndida belleza natural y sus suaves temperaturas en cualquier época del año, han hecho que desde la más remota antigüedad, la isla de Capri fuera un lugar deseado por emperadores, reyes y príncipes. Un deseo que se extendió hasta nuestros días cuando, en los 50 y 60, se convirtió en refugio privilegiado del jet set internacional. Brigitte Bardot, María Callas, Ava Gardner, Jacqueline Kennedy o Grace Kelly son sólo unos cuantos nombres de la gran cantidad de famosos que, con su presencia en Capri, contribuyeron a acrecentar el particular encanto de la isla, considerada en la época romana como un «lugar dado por la naturaleza para el descanso del espíritu y el placer de los sentidos». Tiberio erigió ahí una villa para desentenderse de la política romana, allí los revolucionarios rusos jugaron en sus cafés incontables partidas de ajedrez, y Pablo Neruda encontró entre farallones y jardines de limoneros a su última musa. Hubo un tiempo en el que en la isla el hechizo y no el dinero era soberano como Brigitte Bardot en la película «El desprecio», filmada allí por Godard, en base a una novela de Alberto Moravia. Por ese entonces las barcas de pescadores flotaban apenas amarradas, las escaleras de piedra descendían abruptas hasta el mar y todo Capri vivía lentamente a merced del viento y de las idas y venidas de las embarcaciones. Hoy, los pinos piñoneros y las fachadas blancas que se desprenden de los acantilados rocosos permanecen inmutables, al igual que los «faraglioni», esas inmensas rocas que son el símbolo de la isla y que se erigen en la bahía como monumentos milenarios.

Lo más usual es llegar a Capri desde Nápoles, ya que existe un servicio regular de transbordadores. El desembarco en el puerto principal de Marina Grande está siempre signado por el vuelo de las gaviotas, y la bienvenida incluye la vista de esa inmensa escultura de piedra que se despega del Tirreno, el Monte Cesina. Hasta allí llega el teleférico que parte del puerto, ganando altura y convirtiendo de a poco el ajetreo portuario en una apreciable vista panorámica.

Luego, los caminos abren opciones como Via Vittorio Emanuele, con sus afamadas tiendas, y las distinguidas Via Camerelle y Via Croce. Hacia el otro lado de la piazzetta, en tanto, atrae un laberinto de callejones que habla de historias medievales, entre faroles antiguos, fachadas de piedra y ventanales de hierro forjado. Pasear por esta ciudad y sus estrechas calles ofrece mil detalles sembrados sobre un paisaje de pequeñas y blancas casas, pero también posee atractivos arquitectónicos como la Iglesia de Santo Stefano, barroco-musulmana; la Cartuja de San Giacomo, con dos claustros desde los que se ve el mar, y la residencia de Tiberio: Villa Jovis, atmósfera que se entrelaza con las mesas de los cafés y los restoranes.

Los aromas y los colores consagran los sentidos en cada esquina, pero particularmente en los Jardines de Augusto, que apenas alejados de la zona céntrica dejan crecer las flores, que traídas especialmente desde Roma se han multiplicado con el correr de los siglos.

También junto al mar, el tiempo ha dejado sus particularidades y coloridos; se comprueba alquilando una lancha en Marina Grande para visitar la Grotta Azzurra, una cueva de más de 50 metros de profundidad, 15 de ancho y 30 metros de altura. Esta cueva era evitada por los habitantes de Capri en la antigüedad.

Por último, no podrá eludirse una visita a la segunda ciudad en importancia de la isla, Anacapri, donde se pueden admirar la Torre Damecuta del siglo XII, construida para defensa contra los piratas; la Iglesia de San Michelle, con pisos azulejados, y el Monte Solaro de 589 metros de altura y gran panorámica.



- Datos útiles

Respecto de la mejor época para ir, recomendamos los meses de abril y mayo. Los precios se reducen considerablemente. El verano es buena época, pero tiene el inconveniente de la gran afluencia de turistas y los elevados precios. 

  • Hotelería: en general, bastante cara, pero es cierto que cuentan con buenos niveles de calidad. Hoteles muy lujosos y con vistas fascinantes. Si puede pagarlo, disfrútelo.

    Los productos más importantes de la isla son el vino, el aceite de oliva y la fruta. En Capri podemos disfrutar de las frescas ensalada caprese, o torta caprese; deleitarnos con unos ravioles caprese, o tomar un delicioso lemoncello caprese. Hay pizzerías de atmósfera sencilla. Trattorias, con platos más trabajados, especialmente la típica pasta italiana. Suelen tener recetas caseras y el lugar ideal para ir en familia. En los restoranes, con servicio más esmerado y detalles muy cuidados, los precios son bastante más elevados.  

  • La noche: el sitio más famoso es la Taverna Anema e Cuore donde siempre hay mucho ambiente hasta bastante tarde. Otro lugar recomendable para tomar una copita es Number 2, aunque es algo pequeño y la entrada es bastante restringida. Es importante contar con la reserva del conserje del hotel. Como discoteca para terminar la noche, la mejor opción es Musme.