- ámbito
- Edición Impresa
Retrato de un condenado a la espera de su hora
Raúl Viarruel: “Como Saldaño está condenado, Texas se niega a que lo consideren paciente psiquiátrico”.
Periodista: ¿Cómo conoció usted ese caso?
Raúl Viarruel: Víctor Saldaño es cordobés, como yo. Un día llegó la noticia de su inminente ejecución. Entrevisté a su madre, Lidia Guerrero, una mujer que ha sacado de su letargo a diplomáticos y abogados en defensa del hijo, y, aunque lo mío es la radio, decidí hacer un documental. Me parece que así el caso tendrá más difusión.
P.: Cuéntenos la historia.
R.V.: Saldaño salió a recorrer el mundo, empezando por Florianopolis, donde vivía su padre. Tenía 17 años. A los 23 entró ilegal a EE.UU., trabajó sin papeles en Nueva York y otros lugares, y una noche, borracho en un pueblito de Texas con un mexicano también ilegal, participó en un robo seguido de muerte. La víctima era un comerciante del lugar, el jurado era enteramente blanco anglosajón, él no supo defenderse ni tuvo abogado, y encima un perito aconsejó la máxima pena dado su carácter latino. Lo condenaron en noviembre de 1995. La madre recurrió al penalista cordobés Carlos Hairabedian. Apelaron. En 2004 la Corte Suprema de EE.UU. ordenó un nuevo juicio, y luego salió en Texas una ley que impide la pena de muerte por razones de origen, raza o religión. Se llama Ley Saldaño. Lástima que, entretanto, su salud mental fue sufriendo graves deterioros. En el nuevo juicio confirmaron la condena "debido a su posible peligrosidad como enfermo mental".
P.: ¿Cómo llegó a ese extremo? ¿Y no pueden internarlo en un neuropsiquiátrico?
R.V.: Cualquiera se vuelve loco si está aislado en una celda de 3 x 3 sin nadie que le hable, recibe la comida por debajo de la puerta, lo sacan a caminar una hora por semana, engrillado, y ya lleva 20 años esperando que en cualquier momento le apliquen la inyección letal. Y como está condenado, Texas se niega a que lo consideren paciente psiquiátrico.
P.: ¿Cómo hizo usted la película?
R.V.: Me interesó ser lo más honesto posible. El tuvo su culpa, la asumió, y hasta presumió de cínico frente a la policía. Conseguí las cintas de la cámara de seguridad que registran el interrogatorio, donde lo van manipulando para que declare a gusto de la policía. Luego, imágenes que van mostrando su deterioro mental. Recorrí el camino que había hecho, aunque el padre se mostró reacio a contar algo. Entrevisté abogados y fiscales. E insistí permanentemente en charlar con él.
P.: ¿No pudo verlo personalmente?
R.V.: No, porque justo antes de pedir ese permiso hubo un incidente desagradable con una periodista, que Cancillería Argentina consideró perjudicial para su estrategia. Se entiende, en un caso tan sensible los abogados y el personal de Cancillería seguían de cerca la elaboración de mi documental. Incluso querían darme sugerencias de cómo hacerlo.
P.: ¿Cuánto tiempo le llevó este trabajo?
R.V.: Ocho años, y no sé si haré otro. ¿Sabe lo que más me impresionó de todo esto? Ver cómo ha ido cambiando el rostro de la madre en los últimos años.
Entrevista de Paraná Sendrós


Dejá tu comentario