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Robert Duvall: “El tono de mi nuevo personaje me lo dio Jujuy”
Robert Duvall en el festival donostiarra, donde acompaña la exhibición de «Get Low», sobre un sureño que organiza su propio funeral.
Robert Duvall: Conocí ese cuento cuando era chico, dicen que pasó de veras, un tipo que vivía como un ermitaño y de pronto organizó mediante rifas su propio funeral, solo para saber qué iban a decir de él. Cuando me dieron el guión pensé en Horton Foote, es su estilo, el humor, la pintura de la gente. Y el personaje tiene ciertas cosas similares a las del primero que Foote elaboró para mí.
Periodista: ¿El vecino huraño, al que los chicos temen, de «Matar a un ruiseñor»?
R.D.: Sí. Él lo pulió para mí, y fue mi debut en el cine. Años después escribió el guión de «Tender Mercies» (El precio de la felicidad), con el que ambos ganamos el Oscar. Él conocía la violencia, pero le gustaba la calma, por eso sus obras son un elogio de la calma. No era como Corman McCarthy, por ejemplo, que escribe mucho de tipos violentos y fui un día a la casa y lo encontré jugando al crocket. ¡Jugando al crocket!
P.: Sería una violencia contenida. ¿Cómo trabajó usted el tono calmo de su nuevo personaje?
R.D.: En el sur tenemos doce acentos diferentes. Mi abuelo y mi padre eran de North Virginia, así que recordé el hablar suave de ellos, y me fui metiendo en los 30, que es cuando transcurre el cuento. Yo entonces era un niño. ¿Y sabe dónde fui elaborando ese personaje tan sureño? En nuestra casa de Jujuy, mirando la cordillera de los Andes, a 10.000 millas de EE.UU. y de nuestra otra casa en Virginia. ¡Qué lindo personaje, seguro! Pero eso me recuerda lo que le iba diciendo de Horton Foote.
P.: Sí, cuénteme.
R.D.: Ojala hubiera podido ver esta película «Get Low», tan parecida a sus historias. Él murió recientemente, a los 93 años. Ese día, yo estaba filmando la escena de un discurso frente al cajón. Cuando terminamos, veo a mi mujer con el celular en la mano, mirando el cajón. Venía a darme la noticia. Yo sentí, le digo, que se cerraba un círculo ese día.
P.: No dirá que ésta es su última película.
R.D.: No, no, solo se cerró un círculo. Todavía quiero hacer muchos otros personajes, antes que se me empiece a caer un hilo de baba mientras hablo. Ya en el rodaje de «Colors» (Vigilantes de la calle) me advirtieron «ya llevas mucho tiempo en esto». Y eso fue hace 20 años. Claro que debo cuidarme. Durante una escena de aquel western que hicimos con Vigo Mortenssen, se me dio por improvisar algo, medio violento, le dije «preparate que voy a hacer algo», y me imagino que funcionó, porque quedó en la copia final, pero cuando dijeron «corten» tuvo que ir mi mujer y sacarme de la mano. No sé dónde habían ido a parar mis lentes de contacto.
P.S.


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