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Romberg vuelve al país con notable muestra antológica
«El día que Van Gogh lloró», una de las «Obras en papel 1960-2010», muestra que trae al país a Osvaldo Romberg, excelente artista argentino que reside desde hace varias décadas en EE.UU.
Se exponen grabados de principios de los años 60, la muestra del Centro de Arte y Comunicación -CAYC- de 1970, «El Paisaje como Idea», además de sus experimentaciones sobre una fenomenología del color y Análisis de la Historia del Arte.
En su trayectoria «(.) se percibe un hilo conductor que cobra formas diversas a lo largo de los años, que se abre y se tensa, pero que no deja de sostener un andamiaje de intereses concretos, recurrentes, e interrogados sin cesar hasta sus últimas consecuencias», escribió el curador Rodrigo Alonso.
La labor en todas sus etapas fue la de la trasgresión, una auto-trasgresión. Las modificaciones que atraviesa su elaboración desde la potenciación expresionista de la línea, actividad comenzada en la década del 50, hasta sus posteriores configuraciones cosmogónicas, plantea una sucesión temporal en la progresión de su arte.
Desde la época de sus acrílicos impresos con serigrafía, acercamiento decisivo en su recorrido entre el arte y la técnica, pasando por la etapa de sus tipología, con la preocupación de la descripción del paisaje y al imaginación de sociedades futuras hasta su radicación en Israel y su labor docente, primero en Tucumán y luego en Tel Aviv, se reconoce la filiación conceptual y el carácter auto-referencial de sus propuestas.
En sus grabados tradicionales Romberg cargaba sus imágenes con la potenciación expresionista de la línea. En 1967 presentó sus obras en «Grabados», exhibida en el Museo de Bellas Artes. Entonces rompió totalmente con lo conocido sobre técnicas tradicionales del grabado y exhibió un conjunto de diez planchas de acrílico impresas con serigrafía que colgaba del techo del Museo, la Proyección vertical de un hombre solo. Desarrolló un recorrido en el espacio donde la imagen de la figura humana estaba sintetizada al mínimo y recortada y vaciada en distintos planos materiales que cambian de color y posición. Al año siguiente, obtuvo el Gran Premio de Grabado del Salón Nacional.
Con una materia que dejaba ver las vetas y las rugosidades de la madera, rica en matices, desplegó en sus grabados planos de color que no sólo tallaba sino que casi rompía con su gubia y expandía a través de ellos toda su potencia vital. En aquel período participó en «Estructuras Primarias II» expuesta en la Sociedad Hebraica. Combinó el planteo de la copia masiva de un objeto de acrílico con la utilización de la luz eléctrica como señal. Desaparecieron las imágenes materiales y los tubos fluorescentes sirvieron para conducir al espectador a un nuevo entorno primario. Lo que se desprendía de aquellas estructuras luminosas realizadas en serie, era su papel de suceso inestable.
Por aquel camino llegó a las acumulaciones de platos de acrílico instrumentalizando el concepto de la multiplicación del grabado. Retomó la idea de los múltiples, ya no como grabados, sino como esculturas y objetos, planteada por Víctor Vasarely en 1955, que se proponía rescatar al gran público de aislamiento tradicional. Los «múltiples» incorporaron una nueva función a la propuesta artística, dado que su valor no residía sólo en la obra por sí misma, sino en su proyección: la posibilidad de ser difundida en todas las clases de la pirámide social.
Sus experiencias cromáticas de mediados de los setenta comenzaron con Dos proposiciones lineales con tres partes de mi cuerpo, seguida de otras como Cupido triunfante o Clasificación de los colores (1977), entre otras. En obras posteriores como Génesis y galaxias, representó el universo entero con imágenes constituyendo una metáfora de la astrofísica.
Las tendencias analíticas del Conceptualismo dejaron sus huellas y están presentes, cualquiera fueran las técnicas y la orientación adoptadas: subyacen rastros, puntos de partida, esquemas conceptuales, en especial, en el terreno de la representación icónica de ideas. En esta línea están sus propuestas autorreferenciales sobre obras clave de la historia del arte y de arquitectura.
Su exposición actual incluye también instalaciones y trabajos sobre arquitectura y arte. En ellos, Romberg dialoga con la tradición a partir de la obra de otros artistas. «(.) interviene las reproducciones con pintura u objetos, las desarma y las relativiza, al hacerlas convivir con elementos discordantes. Las reduce a ellas mismas a objetos, y las observa con una mirada distanciada y penetrante a la vez, poniéndolas a consideración como especimenes culturales», señala Alonso.
Radicado en los Estados Unidos desde hace varias décadas, Romberg ha desempeñado también una reconocida labor docente en la Pensylvania Academy of Fine Arts.


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