Cuenta Rosa Montero que, cuando se enteró de que J.K. Rowling, luego de escribir el último libro de la saga de Harry Potter, estuvo deprimida durante un año, comprendió lo difícil que debía ser desprenderse de un mundo que se ha creado y al que se podía volver cada tanto. Rosa Montero también confesó que le dio envidia lo logrado por la escritora británica y pensó en "regalarse un universo de ese tipo". Así fue como con la novela "Lágrimas en la lluvia" inició en 2011 la saga de la "androide de combate" y detective privada Bruna Husky, que ahora tiene en "El peso del corazón" una segunda aventura.
Si el impulso que llevó a Rosa Montero a contar de Bruna Husky fue emular lo logrado por Harry Potter, pareciera que no dejó de tener en cuenta el público al que estaba dirigida aquella poderosa saga, el de los hasta entonces descuidados lectores jóvenes. Hay algo en el estilo del relato, liviano, fluido, sencillo, de trámite rápido, de intrigas prolijamente dosificadas, que parece planeado para salir a la conquista de los lectores adolescentes, y sobre todo de las adolescentes, sespecialmente de aquellas tan duras y arrogantes como cursis y sentimentales
Que se trate de un relato para jóvenes lectores pareciera confirmarlo, entre otras cosas, el que "Lágrimas en la lluvia" fuera llevada de inmediato al comic, y a un comic ciber punk. Destino que ya estaba implícito en la misma figura de la protagonista. Siguiendo la tendencia al pastiche de la narrativa denominada posmoderna Montero mezcla una previsible y pudorosa novela de amor (el ideal es la adolescente unión simbiótica), un thriller de intencionalidad política, momentos de fantasía heroica y hasta algunos gramos de ciencia ficción con poca ciencia, pero la que hay está documentada. Hace suyos elementos creados o utilizados por otros autores y los reforma a su gusto.
Veamos. Bruna Husky no es exactamente un androide, un robot con apariencia humana, sino una replicante, un ser artificial que imita perfectamente al ser humano en su apariencia y en sus comportamientos, al punto de que prácticamente no se puede distinguir uno de otro. Los "rep" fueron creados por el genial novelista de ciencia ficción Philip K. Dick (que sí inventaba distopías como Orwell o Bradbury, y utopías como las que imagina Ursula K. Le Guin) en su novela "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", que fue llevada al cine, con cambios "humanizantes", como "Blade Runner" por Ridley Scott.
Montero se inspira en la película (no en Philip K. Dick), y le da a su replicante más reflexividad, más sensibilidad y más años de vida y una estética de heroína clásica.
Bruna le copia el modelo a Lisbeth Salander, la inolvidable protagonista de la trilogía "Millenium" de Stieg Larsson. El caso es que Bruna fue creada con 23 años, con una memoria implantada de un pasado ficticio, y ya ha "vivido" 7 años, por tanto le quedan sólo 3, de los 10 que le han otorgado en su vencimiento tan programado como el de un yogurt. Es, de modo metafórico, una enferma terminal que vive con rencor su agonía. Y además tiene que amparar a Gabi, "La rusa", "la monstruo", una huérfana de 10 años, que es otra enferma terminal debido a las radiaciones que ha sufrido.
La replicante sufre una crisis existencial permanente, cuenta a cada rato, obsesivamente, los días que le quedan. Por suerte para ella el tiempo pareciera no pasarle demasiado rápido, en esta nueva aventura sigue estando, como en la anterior, en Madrid en el año 2109. Y en un Madrid que pertenece, afortunadamente, a los Estados Unidos de la Tierra, donde hay teleportación, se convive con tres razas extraterrestres, el aire se ha privatizado, pero como en nuestro tiempo la gente sigue usando celular, va al psicoanalista (o algo parecido), hay concentraciones de multinacionales (la Texaco-Repsol, por caso), la evolución parece haberse detenido. Lo peor que le ha sucedido a la ciencia ficción es que la tecnología la ha superado, y la mayoría de sus fantasías (salvo las de los grandes creadores que las vuelven especulaciones poéticas o filosóficas) hoy son cosas del pasado.
Bruna zafa como detective cuando pasa a la novela negra a través de "el caso del diamante robado" que le permite a la autora hablar de dictaduras religiosas, de los inmigrantes ilegales. de democracias aberrantes, de la forma en que la corrupción se instala en el poder, de los irreversibles desastres ecológicos, del incremento de las desigualdades sociales y la criminal discriminación. Cuando Rosa Montero proclama que ha escrito una novela realista no se equivoca, su novela es en el fondo el apólogo de una muchacha progre de fines del siglo XX cuyas ideas le han sido implantadas a un replicante del siglo XXII. Bruna es un tecnohumano de acción pero eso si sensible y bien pensante. Bruna es alguien que sus lectores pueden confiar que regresará porque en su aventura ha descubierto, como lo señala en las palabras finales de "El peso del corazón" que "era prodigioso comprobar lo poco que pesaba un corazón feliz".
| M.S. |



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