23 de agosto 2011 - 00:00

Rosario: el diseño ratifica su parentesco con el arte

«Erre/Trude Objeto Lumínico modular», de Romina Lambert, Primer Premio Adquisición del 10° Salón de Diseño de «La Capital», que una vez más rinde cuenta del objetivo de esta disciplina de aportar belleza y gracia a la existencia cotidiana.
«Erre/Trude Objeto Lumínico modular», de Romina Lambert, Primer Premio Adquisición del 10° Salón de Diseño de «La Capital», que una vez más rinde cuenta del objetivo de esta disciplina de aportar belleza y gracia a la existencia cotidiana.
Rosario - La semana pasada en el Museo Juan B. Castagnino y, con un clima de genuina celebración, se inauguró el Salón de Diseño del Diario «La Capital», que cumple diez años con esta edición. Ha pasado ya una década desde que la Fundación La Capital y el Museo Castagnino+Macro organizaron el Salón dedicado al diseño de objetos contemporáneos, y este nuevo encuentro corrobora, una vez más, el parentesco del diseño con el arte. No obstante, el diseño es una disciplina que no esconde sino que, por el contrario, pone de manifiesto su vocación social y sus fines utilitarios. Fines materiales, que si bien son un pecado para el arte considerado autónomo, independiente, que no está al servicio de nada ni de nadie, resultan ser en gran medida el motivo y la razón de ser del diseño, más allá de la ambición común que ambas disciplinas podrían llegar a compartir: estetizar y brindarle un placer especial a la vida de la gente. En este sentido, el catálogo que se editó este año y que presenta no sólo a los ganadores del Salón actual sino también a los anteriores, rinde debida cuenta del objetivo de aportar belleza y gracia a la existencia cotidiana. Allí está el «Salvavidas», o el «Rescate de vajilla deforme», de Leo Battistelli premiado en 2010, y el primer Premio Adquisición de este año otorgado a Romina Lampert, por «Erre/Trude Objeto Lumínico modular», unos portalámparas de gabardina con cremalleras que posibilitan abrirlas o cerrarlas y también ampliarlas.

Cada categoría lleva su premio y el de Accesorios y Joyería lo ganó Tamara Lisenberg con un collar de bambú; el de Escritorio fue para Sebastián Aulicio por su alcancía «Gochu», un cerdito dado vuelta, y en la categoría Lúdico/Infantil, Gabriela Di Franco y su «Gallina Rodante» se llevaron el galardón.

Uno de los objetos más llamativos del Salón es el «Sillón Kómodo» de Mauro y Lisandro Arévalo, realizado con los clásicos carritos de los supermercados y ganador del premio al área Experimental. Hubo menciones para Eugenio Gomez Llambi, Iván López Prystajko, Alejandro Sarmiento y Marina Massone; mientras algunos productos, como las lámparas de Lampert, fueron designados por una firma para su posible comercialización.

El jurado del Salón estuvo integrado por Mauro Guzmán, Dolores Navarro Ocampo (Puro Diseño), Marcela Römer (directora del Museo Castagnino+macro), Fernando Farina (director del Fondo Nacional de las Artes), Anabella Rondina, (Centro Metropolitano de Diseño), Gerardo Glusman, (Talleres Chicago e Interior) y Arturo Grimaldi (fundador de la tienda del Malba).

Además de los 29 diseños seleccionados para este Salón, el Museo exhibe el resultado del programa Artistas e Industrias, residencias del proyecto Castagnino+Macro en la Cristalería San Carlos y las obras de Mónica Van Asperen que son el resultado de esta experiencia. Luego, el amplio panorama del diseño concluye con una exposición de las alfombras, la cestería, los bordados, objetos y tapices realizados en los Talleres de Transferencia del Centro Cultural El Obrador, espacio de la zona Oeste rosarina donde el Museo y la Fundación trabajan juntamente con la comunidad.

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