- ámbito
- Edición Impresa
Rovner: “Todos llevamos dentro un hombre lobo”
Eduardo Rovner (izq.) junto al cineasta y director teatral Alberto Lecchi, responsables de la obra “El hombre lobo”, que se ve en el Auditorio Losada.
"Tuve la suerte de que, por cuestiones azarosas, mi teatro llegara a otras partes del mundo, pero esto ya es un disparate", dice Rovner a este diario. "Me da vergüenza no poder precisar el número de estrenos, porque aumenta cada día. Hace unos días me llamaron de la Universidad de Toulouse para invitarme al estreno de "Concierto de Aniversario" y a continuación recibí varios emails: uno del teatro de Munich que está organizando un ciclo de obras mías en Alemania, otro de México... Además, este año van a estrenar 'El hombre lobo' en Brno, la segunda ciudad más importantes de la República Checa, y se cumplen 12 años de funciones ininterrumpidas de 'Volvió una noche', en Praga. Todavía no lo puedo creer".
Periodista: ¿A qué se debe tal alta demanda?
Eduardo Rovner: Yo tengo una teoría: como mi teatro es un poco loco y el mundo está cada vez más loco, mis obras lo representan más.
P.: Y a nivel local ¿no cree que este superávit de obras suyas también puede deberse a la falta de nuevos dramaturgos?
E.R.: Puede ser. La TV está absorbiendo muchos buenos autores y eso también está pasando en Europa. Varios amigos, que eran autores de teatro en un determinado momento, se pasaron a la televisión porque según ellos ganan cien veces más que en el teatro.
P.: ¿"El hombre lobo" es una de sus obras "locas"?
E. R.: Podríamos decir así... Sí. Es bastante loca y me obligó a investigar en un tema muy difícil y ajeno a mí, como lo es el mundo de la caza. El germen de la obra tiene que ver con la culpa y con el miedo a la venganza que genera todo acto de violencia, ya sea en el plano familiar como en la política internacional. Todo miedo a la venganza, o lo que en psicoanálisis se denomina retaliación, es motivado por alguna culpa. Y muchas veces, por no asumir la propia culpa, se recurre al mecanismo de atribuir al otro las peores intenciones. Es ahí cuando se encienden alertas rojas por todos lados y se instala la paranoia.
P.: El protagonista es antropólogo, tiene por amigos a un psiquiatra y un notario, y los tres gustan de las armas.
E.R.: Sí, y el antropólogo está preocupado porque en una noche de luna llena hirió a alguien y al no encontrar el cuerpo empieza a temer, por una serie de datos misteriosos, que su presa haya sido un hombre lobo. Veintiocho días más tarde, en otra noche de luna llena, teme que su víctima vuelva para vengarse. Sus dos amigos piensan que está completamente loco hasta que todo empieza a enrarecerse. La llegada de una mujer algo misteriosa, que viene a entretenerlos, rompe con el planteo inicial al afirmar que uno de sus mejores amantes fue un hombre lobo.
P.: Un comentario que baja a tierra el mito del monstruo.
E.R.: Momentáneamente, porque la obra se desencadena con el mito instalado por completo. No quiero dar más detalles pero lo que sucede al final es la concreción del mito.
P.: ¿El hombre lobo es el monstruo interior?
E.R.: Ese es el mensaje principal de la obra. Todos somos "hombre-lobo" o tenemos una parte de él.
P.: El personaje femenino es el único que parece dominar las fuerzas oscuras...
E.R.: Creo que es propio de la mujer estar más en conexión con fuerzas o energías no racionales y eso es vuelve muy potente su presencia escénica. Los personajes femeninos suelen ser mucho más interesantes que los masculinos. El hombre, normalmente, suele ser más predecible.
P.: Salvo en este caso...
P.: Es cierto, estos tres cazadores son bastante particulares. En mi investigación previa, que me demandó más tiempo que el que tardé en escribir la obra, descubrí que varios filósofos de renombre disfrutaban de la caza. Es difícil imaginar a un gran pensador que esté a favor de matar animales, pero hubo muchos, entre ellos Ortega y Gasset y Nietzsche. Este tipo de incongruencias me resultan maravillosas.
Entrevista de Patricia Espinosa


Dejá tu comentario