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Con la reconquista del número uno del mundo, el estadounidense Tiger Woods demostró la estrecha conexión que existe entre la vida personal y la profesional, porque no parece casual que su resurrección deportiva haya sido paralela a su reconstrucción sentimental.

Al ganar ayer en Bay Hill, el jugador de 37 años recuperó el número uno del ranking mundial de golf, puesto que no ocupaba desde hacía 29 meses -exactamente 877 días-, y puso así fin a un bache al que cayó de golpe cuando se resquebrajó su vida matrimonial.

Woods parece haber salido definitivamente de su mala racha y ya está reorganizando su vida, con nuevos logros deportivos y relaciones personales. Pasó un infierno de dudas y fracasos en los últimos tres años desde que se descubrió su adulterio en 2009.

Desde que perdió su matrimonio con la sueca Elin Nordegren, madre de sus dos hijos, Woods pasó un infierno que le hizo descender más allá del puesto 50 en el escalafón mundial, además de perder gran cantidad de dinero por el retiro de la mayoría de sus patrocinadores. En lo económico perdió millones de dólares en patrocinio de General Motors, ATT y Gatorade, y su cuantiosa fortuna -que la revista Forbes estimó en 1.000 millones de dólares- mermó considerablemente a causa de su divorcio.

Luego de haber pasado también por períodos de sufrimiento a causa de varias lesiones, el Tigre continúa haciendo historia y con el Arnold Palmer alcanzó el título número 77 de su carrera.

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