Rural volvió al G-7 con UIA, bancos y servicios

Edición Impresa

 Hugo Biolcati, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), rompió una abstinencia de casi dos años y volvió a juntarse con sus pares Héctor Méndez (Unión Industrial Argentina-UIA), Jorge Brito (ADEBA), Carlos de la Vega (Cámara de Comercio), Carlos Enrique Wagner (Cámara de la Construcción) y Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio).

Con la presencia del ruralista, el antiguo Grupo de los Siete (G-7) que venía en los hechos siendo el Grupo de los Cinco por la ausencia del propio Biolcati y de su par Mario Llambías de la CRA, recuperó (al menos en parte) la «pata del campo» que había perdido en ocasión del enfrentamiento entre las entidades ruralistas y el Gobierno por la Resolución 125.

El encuentro fue en la sede de la Bolsa porteña, donde los dirigentes almorzaron una entrada de salmón, un lomo con papas y una ensalada de frutas con helado. Y como para demostrar que la recomposición entre el campo y el resto de las entidades empresarias va en serio, Biolcati pidió ser el anfitrión -en la sede que tiene la SRA en la calle Florida- el próximo encuentro del (¿ahora?) Grupo de los Seis, almuerzo que quedó pautado para dentro de dos miércoles.

¿Qué hizo que el hombre de la Rural regresara a una mesa de la que se había levantado enojado? Las urgencias de la hora. En especial, según pudo reconstruir este diario, la pérdida del mercado chino para el aceite de soja, una de las principales exportaciones de origen agropecuario del país.

Explicación

Allí Biolcati explicó que, si bien las ventas a China habían sido reemplazadas por exportaciones a la India, remarcó que esas ventas se habían concretado con una diferencia en contra de los productores argentinos de u$s 30 la tonelada. India, consciente de las dificultades argentinas para colocar un producto que ya tenía vendido y con el que casi de un día para el otro tuvo que salir a buscar dónde colocarlo, impuso sus condiciones y ésas son una rebaja importante en el precio.

Está claro que Biolcati -que obviamente no explicó porque además nadie le preguntó por qué Llambías no se había sumado al almuerzo- buscó el apoyo de sus colegas de la industria y de los servicios para esta difícil batalla que -al menos hasta ayer- el Gobierno no había podido dar vuelta pese a la excursión por China de la presidente Cristina de Kirchner,

El otro gran tema del almuerzo fue, previsiblemente, las posibilidades de las arcas fiscales de cumplir con el reclamo de pagar el 82% móvil a los jubilados que cobran el importe mínimo. Ninguno de los empresarios con los que habló este diario, y que participaron del encuentro, quiso pronunciarse de manera explícita sobre la cuestión, pese al «off the record».

La explicación de ese silencio fue sencilla: «Nadie quiere ser antipático y salir a decir que no hay plata para los jubilados que menos cobran; esperemos que el Gobierno encuentre la forma de solucionar esta cuestión a satisfacción», reconoció uno de ellos.

También se volvió a hablar de las presiones sindicales por mayores salarios, de las dificultades que muchas empresas (sobre todo pymes del interior) ya están teniendo para cumplir con lo pactado en las paritarias, y de la evolución de la inflación, que nadie parece poder detener del todo. Se habló, claro, de la situación económica en general, de la falta de crédito (en este punto, como siempre, Brito debió defender al sistema financiero de los corteses embates de Méndez y de Wagner) y de las perspectivas que se le abren al país tras la euforia causada por el canje de la deuda. «Es otra oportunidad excelente; esperemos, y así coincidimos los seis, que no se la desaproveche», le dijo a este diario otro de los comensales.

Finalmente, hubo acuerdo en que las urgencias de la hora hacían necesario acortar el tradicional plazo entre estos almuerzos (un mes) y ahí fue que Biolcati -para cementar su regreso- ofreció los salones de la Rural para el próximo, que se hará antes de que termine julio. Nadie (y el presidente de la Rural menos que ninguno) puede garantizar que Llambías también volverá al redil, pero los dirigentes no pierden las esperanzas de que el G-5 o G-6 vuelva a convertirse en el G-7.

Dejá tu comentario