En 1974 la contemporaneidad colmó su nueva sede de la calle Talcahuano. Carismática y encantadora, Ruth conquistó artistas, compradores, críticos, intelectuales, directores de museos y políticos; formó nuevos coleccionistas. Comenzó a reunir y albergar a los actores del sistema que sustenta el arte, en el mundo casi secreto impuesto por la dictadura militar. En el año 1983, Benzacar inauguró la democracia y su moderna galería de Florida 1000, donde a los pocos años se incorporarían su hija, Orly Benzacar y, luego, cuando ya había muerto, su nieta, Mora Bacal. Ambas han heredado la pasión por la contemporaneidad y pegaron un nuevo golpe de timón el año pasado.
Orly y Mora descubrieron el tesoro de la edificación industrial y abrieron rumbo a la migración de las galerías desde las zonas urbanas hacia el suburbio. La celebración de los 50 años en el luminoso espacio de Villa Crespo, en la calle Velasco, coincidió con la presentación de la muestra de Pablo Siquier, con cuatro nuevas obras de gran formato, realizadas en hierro trefilado e instaladas como cuadros de hierro en las paredes de la galería. El origen de las obras de Siquier se puede rastrear en las carbonillas que mostró la galería y las que el curador Marcelo Pacheco llevó a la Bienal de San Pablo, además, las líneas coinciden con las de la imponente escultura expuesta en el Recoleta en 2012, que el Gobierno porteño decidió comprar en ArteBA y emplazar en el Parque Thays.
| A.M.Q. |


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