22 de enero 2010 - 00:00

Sabina enloqueció a una multitud

Aunque por su estilo es mejor verlo y oírlo en la intimidad de un teatro, Joaquín Sabina entusiasmó a un Boca colmado y, como siempre, disfrutó del calor de esa multitud porteña que le es incondicional.
Aunque por su estilo es mejor verlo y oírlo en la intimidad de un teatro, Joaquín Sabina entusiasmó a un Boca colmado y, como siempre, disfrutó del calor de esa multitud porteña que le es incondicional.
Hay cuestiones que parecen ser ya «cosa juzgada» respecto del español Joaquín Sabina y su relación con nuestro país. La primera (contundente, como para colmar de entusiasmo al cantante) es el romance inalterable que se ha establecido con el público argentino. El que le ha permitido en este caso convocar multitudes en Trenque Lauquen y Junín, en el comienzo de su gira, reunir unas 40.000 personas -con precios de entradas caras aún para el primer mundo-, y tener también mucho público, sin dudas, en el resto de los puntos de su tournée nacional, que lo mantendrá por un largo rato por aquí.

La otra cuestión es que Sabina es un artista de teatro. Por su modo de desenvolverse, por su placer en hablar cercana y directamente con la gente, por las puestas y las escenografías elegidas -en este caso, una suerte de azotea-, por los gestos que tienen mucho que ver con su arte, era mucho mejor cuando, todavía con convocatorias menos imponentes, se lo podía ver en el Opera o el Gran Rex. El formato estadio grande y el aire libre, con un par de pantallitas demasiado pequeñas y un sonido poco feliz, además, no son lo mejor para él; pero claro, los números mandan.

A partir de allí, todo estuvo en el marco de lo previsible. El cantautor festejó la locura de la multitud. Y esa masa enorme de gente enloqueció con su ídolo, al que casi ha hecho parte de su familia. Sabina presentó algunas de las canciones de su nuevo álbum «Vinagre y rosas»: «Tiramisú de limón» y «Viudita de Clicquot» en el arranque; «Agua pasada», «Parte meteorológico», «Embustera», más avanzado el show. Homenajeó con unos versos ad hoc a Sandro, Adolfo Castelo, Jorge Guinzburg, Roberto Fontanarrosa y Mercedes Sosa. Presentó, también con pequeños poemitas, a cada uno de sus compañeros e hizo de eso una «mise en scène». Les brindó un lugar para el lucimiento personal como cantantes a su viejo compañero Pancho Varona y a su nueva corista Marita Barros (que fue brillante en su versión de «Y sin embargo te quiero» de Isabel Pantoja).

En más de dos horas de concierto, recorrió muchos de sus temas más conocidos: «Medias negras», «Aves de paso», «Peor para el sol», «Con la frente marchita», «El bulevar de los sueños rotos», «Llueve sobre mojado» -a dúo con su guitarrista Jaime Asúa-, «Y sin embargo», «Calle Melancolía», «19 días y 500 noches», etcétera. Mostró una garganta cascada, con años de noche y tabaco, que es ya una marca registrada. Y sonrió, mucho; cada vez que corearon su nombre; toda vez que percibió el calor de esa multitud porteña que le es incondicional.

«Vinagre y rosas». Joaquín Sabina (voz, guitarra). Con J. Asúa (guitarra), P. Varona (guitarra, guitarrón mariachi, bajo, voz), P. Barceló (batería), M. Barros (coros, voz), A. García de Diego (teclados, guitarra) y J. Sagaste (flauta, saxo, clarinete). (Estadio Boca Juniors, 20 de enero).

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