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Sabrosa “Cena de amigos” para empezar el año
Daniele Thompson escribió y dirigió una agradable comedia de costumbres sobre la sinceridad, la diplomacia y el engaño entre cónyuges, amigos, clientes y pacientes, todo bien jugado por un buen elenco.
Suena bien empezar el año con esta cena, livianita pero variada, colorida, sabrosa, y con sustancia. Poco picante, que en este caso no se extraña, algún queso sentado a la mesa, algunos ingredientes previsibles, que no molestan, buenas conversaciones, el disfrute malicioso de ver la cara de circunstancia que ponen casi todos, el disfrute mayor de hacer un maridaje inesperado (y oculto a los otros), las burbujitas de tantas frases risueñas y miradas de diversa intención a lo largo de la noche (y de la película entera), la diferente forma en que cada uno seguirá su vida al despedirse de los demás comensales.
Conviene decir los personajes, porque son varios y algún espectador podría perderse. La dueña de casa, abogada, y su marido depre, que cocina un bigos justo para celebrar el comienzo del verano. El matrimonio amigo de oncólogo y ginecóloga (las dos puntas de la salud, podría decirse). El matrimonio del colega abogado, cabeza de un buffet, y su mujercita rubia y buscapleitos. La maestra de flamenco, alegre como castañuelas, y (luego sabremos) discreta como ninguna. El arquitecto petiso que refaccionó la cocina y cocinó algo con la dueña de casa, a espaldas del marido (pero ella ahora ha vuelto plenamente a la entera legalidad). La hermana menor de la dueña de casa, con su pareja que es mayor a todos. Y el padre de ambas (que por esos líos de familia debe quedarse en una pieza sin saludar a nadie, como si fuera clandes
De entorno, diversos conjuntos al paso, porque es el Día de la Música, y lindos lugares de Paris, como las plazas de la Concorde y del Trocadero, la Torre Eiffel vista de noche, un puente del Sena, el patiecito del edificio donde se juntan todos contentos. Bueno, contentos en apariencia, porque esta comedia de costumbres habla de la sinceridad, la diplomacia, la hipocresía, y el simple y renovador engaño entre cónyuges, amigos, y parientes, y también hacia los clientes y los pacientes, ya que estamos.
Título original, «Le code a changé», por el código de la puerta de calle, que ha sido cambiado, y a otros códigos de puertas adentro, que también suelen cambiarse. Elenco, delicioso, con Karin Viard (la dueña), Patrick Bruel (el oncólogo), Emmanuelle Seigner (la rubia que se las trae), Patrick Chesnais (el veterano) en la cabecera, y Pierre Arditi (el padre) en la piecita del fondo, que graciosamente da al jardin por donde pasa ya veremos quién.
Autora, Daniele Thompson, la misma de «Besos para todos», «Jet Lag» y «Lo mejor de nuestras vidas», que aprendió el oficio escribiendo con su padre Gerard Oury las comedias de Bourvil, Louis de Funes, Pierre Richard y Belmondo. Ahora ella escribe con su hijo Christopher, a quien de paso vemos en el rol de cínico abogado que espontáneamente cumple, sin embargo, un gesto de bondad (con engaño, diplomacia, o como quiera llamarse, pero lo cumple). Frase para sobremesa, a cargo del veterano, «Pondré whisky en el suero, así llego borracho al Cielo».


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