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Saderman, mucho más que retratos de artistas
La muestra del Recoleta reúne por primera vez los retratos que Anatole Saderman (arriba fotografiado por su esposa Nina) hizo de una infinidad de artistas de nuestra modernidad y los autorretratos con que muchos de ellos le pagaron.
En 1932 se radica definitivamente en Buenos Aires y en 1934 abre su estudio de la calle Callao por donde pasarán artistas e intelectuales afirmándose su orientación hacia el retrato de carácter. Vive en Roma, vuelve a la Argentina, se radica en Santiago del Estero y con su esposa Nina se dedica a traducir los clásicos de la literatura rusa.
Como los pintores y escultores que pasaban por el estudio para ser fotografiados no eran precisamente ricos, se estableció un sistema de canje: los retratos eran compensados por obras, con lo que formó una importante pinacoteca. Pero según relata Alejandro Saderman, posteriormente el pago consistiría en un autorretrato, lo que fue motivo de exposiciones y de la publicación de un libro en 1978. Ninguna institución o museo se interesó en conservarla y por iniciativa de Jacobo Fiterman, Presidente de la Fundación Alon, se han reunido las obras que se presentan actualmente, registradas también en un hermoso libro-catálogo.
El escultor Luis Falcini fue su primer retratado, seguido por Gómez Cornet y una serie de artistas de nuestra modernidad. Se decidió agregar el Capítulo «Retratos» ya que no estaban los autorretratos de Berni, Bute, Daneri, Policastro, Gómez Cornet, Soldi, Spilimbergo, Urruchúa, Victorica. La característica de Saderman fue resaltar los rasgos del retratado, buscaba su espíritu a través de la luz, parte del rostro está iluminado, otra, en sombra, el encuadre no requería ninguna puesta en escena y trató siempre de que se sintieran libres cuando posaban .
Imperdibles los de Carlos Alonso, un muy joven Gorriarena, Ludueña y su profunda mirada, el rostro severo de Macció y un excelente dibujo del artista afeitándose frente al espejo, un Noé en su gran momento de los 60 y por supuesto un dibujo trasgresor de la época, el rostro muy marcado de Ducmelic, Líbero Badii y el infaltable cigarrillo colgando de sus labios, los risueños rostros de Pujía y de Soldi, la mirada melancólica de Irene Saderman, su hija.
Una muestra bienvenida y nostálgica que permite hurgar en la actitud y la mirada de artistas significativos a quienes conocimos, en otros casos constituye una identificación con nombres de los que el único testimonio conocido es su obra y trayectoria.
Ana Lía Werthein
Desde sus primeras exposiciones el leit-motif de Ana Lía Werthein es el campo. Nada de ovejitas o vacas pastando, trigales barridos por el viento o la romántica visión de una pampa que se pierde en el horizonte infinito. Desde sus pinturas, la gráfica, la instalación, la fotografía y el video, se ha centrado en el trabajo, los cambios producidos en la producción agropecuaria y su extraordinario desarrollo debido a los avances tecnológicos.
«Hacia una poética de la producción», obras recientes, se puede ver en la Sala C del Centro Cultural Recoleta. Hay pinturas de las tareas rurales, imágenes que responden a una pintura plana, minimalista, acarreo y almacenaje de alimentos, de ganado, en camiones o trenes de carga. Una instalación reproduce una planta de silos, hay fotografías digitalizadas del efecto invernadero, satelitales del Niño y sus inundaciones o La Niña y la sequía.
Una silo bolsa, innovador implemento agrícola cuya aparición data de la década del 90 ocupa el centro de la sala. Werthein lo ha convertido en un hecho estético al intervenirla trazando sobre su superficie una cartografía imaginaria de la pampa satelital que envía información a la computadora de la maquinaria agrícola.
Es el campo contemporáneo, gracias a la visión conceptual de una artista que rescata la capacidad del hombre de campo, la preservación del suelo por la siembra directa, como está expuesta en el video, el campo productivo relacionado con la idea de la producción alimentaria que está resumido también en una frase que recorre las paredes de la sala: «la producción del campo sobre la producción del arte hacia una poética de la producción».
Ambas muestras clausuran el 10 de febrero.


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