16 de julio 2009 - 00:00

Salvo la primera parte, mejor ver el original

John Travolta compone un villano mucho más rico que el del film de 1974 en que se basa «Rescate del metro 123»; la remake tiene una intensa primera mitad que luego se va desbarrancando hacia un final digno de un telefilm.
John Travolta compone un villano mucho más rico que el del film de 1974 en que se basa «Rescate del metro 123»; la remake tiene una intensa primera mitad que luego se va desbarrancando hacia un final digno de un telefilm.
«Rescate del metro 123» («The Taking of Pelham 123», EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: T. Scott. Int.: D. Washington, J. Travolta, J. Turturro, L. Guzmán, M. Rispoli, J. Gandolfini.

Esta remake de un clásico de 1974 dura dos horas. La primera hora promete un thriller súper tenso, de acción imparable y diálogos inteligentes. La segunda mitad lo arruina todo, con resoluciones simplonas, diálogos llenos de clichés y una notable falta de sutileza para continuar las ironías planteadas en la primera parte.

La historia es prácticamente la misma del film original, «La captura del Pelham 123», dirigido por Joseph Sargent sobre una novela de John Godey, con Robert Shaw como un mercenario que, junto a varios secuaces, captura un vagón del subte neoyorquino y pide una fortuna antes de empezar a liquidar rehenes, y Walter Matthau como el empleado del metro encargado de negociar con los secuestradores. En la era del cine catástrofe, el «Pelham» se acercaba al tema con realismo, un toque de sátira política y un retrato de Nueva York totalmente distinto al de cualquier película de la saga de «Aeropuerto».

Si bien no tiene mucho sentido la comparación, en esta nueva versión, lo primero que salta a la vista es lo convencional del personaje de Denzel Washington en relación al antihéroe que interpretaba Walter Matthau. En cambio, John Travolta es un villano mucho más rico que el del film original, y sus juegos mentales con sus interlocutores (que incluyen a un mediador encarnado por John Turturro y el alcalde de Nueva York, por James Gandolfini) alimentan el clima de tensión creciente que probablemente sea la mayor cualidad del film, junto a las espectaculares escenas de acción, muy bien filmadas por Tony Scott.

Lamentablemente, en un punto el guión convierte algo que podía ser mucho más interesante en un simple film de acción de lo más standard, ubicando al personaje de Denzel Washington en una situacion inverosímil (básicamente porque supera los límites de su ocupación de empleado de subte y lo hace jugar al policía), y tampoco imagina alguna vuelta argumental que agregue algún interés al villano Travolta.

La música estridente y los estruendosos tiroteos no cubren la falta de ideas que culminan en un desenlace digno de un telefilm, ya no sólo por debajo del original, sino también de su prometedora primera mitad.

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