20 de septiembre 2011 - 00:00

San Sebastián: entre lo coyuntural y la eternidad

Terence Davis con su actor Tom Hiddleston presentaron «The Deep Blue Sea» en el Festival de San Sebastián.
Terence Davis con su actor Tom Hiddleston presentaron «The Deep Blue Sea» en el Festival de San Sebastián.
San Sebastián - El hombre subió al escenario a presentar su película, y media platea empezó a cantarle, con un amor enorme, «Zorionak zuri, zorionak beti, zorionak, Jean-Claude, zorionak beti». Felicidades para ti, felicidades para siempre, Jean-Claude. La otra media platea no sabía euskara, ni él tampoco, pero no importa. Justo el día de su 80º cumpleaños, Jean-Claude Carrière, el guionista de Buñuel y otros grandes, ha presentado un documental sobre su vida, pero donde apenas habla de cine. El tema es, precisamente, la vida, y al encenderse las luces casi todo el público se quedó para seguir escuchándolo, con su voz baja, risueña y mentirosa, con esas mentiras que nos descubren las verdades a través de las fábulas.

«¿Soy el guionista de mi vida? ¿Otras personas deciden por mí? ¿Soy el personaje principal de nuestro destino, o un personaje secundario en el destino de otros? Como ateo, las religiones no me enseñan sobre los dioses, sino sobre los hombres, que son los autores de los dioses. ¿El mundo de la diversidad hacia el cual vamos, no tendrá en el politeísmo su interpretación más adecuada?» Esto, para empezar, o terminar, como uno quiera, porque la película entera es un viaje desde su pueblo natal hacia los lugares que más pesaron en su vida: el teatro que armó en Paris con Peter Brook, la Nueva York de su época hippie («Aquí es el lugar donde soñábamos cambiar el mundo. Mirándolo bien, soñamos demasiado»), Toledo y el Méjico que recorrió con Luis Buñuel, y la India. En ese viaje se cruza con viejos amigos, con personajes variopintos, algunos de ellos famosos, y con su vecino al que ha visto crecer, y su propia familia. Título de la obra: «Carrière, 250 metros».

¿Por qué 250 metros? Porque esa es la distancia que separa su casa del cementerio donde ya tiene previsto descansar cuando se haya ido de la vida. «Nuestra historia es una ínfima piedrita en la historia de la eternidad», sonríe, y se va a cenar con Juan Carlos Rulfo y Natalia Gil, directores de la película.

Eso fue lo más lindo de la jornada de ayer. Del resto, cabe anotar dos buenas películas sobre la aflicción de señoras casadas que se enamoran de otro tipo: «The Deep Blue Sea», del melancólico poeta Terence Davies adaptando la obra de Terence Rattigan, y «Take this Waltz», de Sarah Polley, con Michelle Williams actuando todavía mejor que en «Blue Valentine». A señalar, también, la comedia libanesa «Et maintenant on va où?, de Nadine Labaki («Caramel»), que acaba de ganar el premio del público en Toronto y acá también va primera en el voto de los espectadores, seguida de la iraní «Nader y Simin, una separación» y «Pina 3D». En función especial, el extenso «George Harrison: Living in the Material World», de Martin Scorsese, presentado por Olivia Harrison, viuda del músico. Y en una sala de extramuros, disfrutado por los críticos como un placer culposo (pero qué disfrute), «Crazy Horse», sobre el cabaret parisién de «desnudos chic».



* Enviado Especial

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